miércoles, 15 de mayo de 2013
Literatura de la gorra
jueves, 15 de marzo de 2012
Notas sobre el acontecimiento de Once.
Muertes que hacen crujir la pantalla y hacen visible la raíz precaria de toda vida que se despliega en la urbe…
No es casualidad la cercanía física de los dos acontecimientos; Once es una de las arterias de ingreso al circuito urbano. Es uno de los pasos de frontera a la ciudad. Los muertos de la estación –como la mayoría de los pibes de Cromañón- provienen del conurbano, de barrios, localidades, ciudades de residencia que se vuelven camas para descansar unas horas y volver a gastarse en la ciudad. La urbe demanda la energía corporal y psíquica de cuerpos (laburantes pibes y viejos, doñas y estudiantes, cazadores del dinero diario…) para alimentar los circuitos del trabajo y el consumo. Once es un nodo de la precariedad, un punto sensible atravesado por nervios a flor de piel, cuerpos a todo ritmo y ánimos agotados…
A la ciudad vamos a trabajar, a estudiar, a consumir… y también a morir.
lunes, 22 de agosto de 2011
Apuntes sobre criminalización / ¿Quién lleva la gorra hoy?
Vos llevás la marca de la gorra… / y tocá, que te la vuelo ahora… (Malafama)
Una sociedad sólo le teme a una cosa: al diluvio… (Deleuze)
¿Cuántas imágenes encontramos en la cotidianidad de nuestros barrios en donde nos vamos poniendo la gorra? ¿Cómo es que está, tan al alcance de todos, el ponerse la gorra como modo de circulación del gobierno barrial?
Ponerse la gorra es una situación esporádica y cambiante. Ser protagonista está al alcance de todos, porque responde a un escenario social donde tenemos que armarnos un libreto sobre la seguridad, ante la multiplicación de los modos de gobiernos.
La acción de ponerse la gorra es un “hacerse cargo de la inseguridad”. Es ponerse como policía, encarnando ese poder soberano que ahora está disponible. Ponerse la gorra es el pasaje al acto de una sensibilidad fascista. Las cartas están echadas; el escenario, guerras sociales a escala barrial. (con un infierno en cada esquina y sin control…).
Es una sensibilidad: ¿Quién lleva la gorra hoy? La misma idea de ponerse la gorra dice por sí sola, que esa gorra esta a disposición de todos... Ya no hay nadie dueño de la gorra, nadie tiene a su sola disposición el poder de marcar el orden de la calle, del como nos manejamos en el espacio público… Junto a este ponerse la gorra conviven otros poderes como el estatal-policial, o el transa, el del que la banca más, el del mercado, o el de los valores familiar-cristianos… Y no solo convive, sino que el engorrarse responde según la situación a cada uno de estos poderes… y claro, y siempre responde al miedo... Ponerse la gorra es una forma de regular los territorios a través de la violencia, y su singularidad es que los cuerpos en los que se encarna van mutando, y sus modos de operar también… un viejo que caga a tiros a los pibes que toman una birra en la puerta de casa… un par de vecinos que van con la yuta a linchar a uno "que dicen que es" un pibe chorro… un pibe “cara de patovica” le enseña en el tren a "comportarse" con "buenos modales" a un borracho malo o un paquero cachivache… unos pibes que le dan la espalda a los que viven pegados a su casa, porque son villeros… o cuando un grupo de vecinos dejan tirado a alguien que pide ayuda… o simplemente alguno que le metió un tiro a otro porque lo miro mal…
martes, 16 de agosto de 2011
Apuntes sobre criminalización / Represión gendarme en los barrios del conurbano
Calles barriales nocturnas, bandas de pibes y pibas las recorren a pasos circenses, moviéndose entre risas ebrias. Pero la noche como destino festivo es clausurada, y es utilizada otra vez como terreno impune, se vuelve escenario predilecto para el patrullaje… para ponerse la gorra.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Tarde en la noche Plaza Constitución...
Un clima agobiante, denso, espeso va ganando la atmósfera. No se soporta más…la violencia te agarra de la nuca…Las imágenes cotidianas cada tanto tambalean… (Las de los laburos precarios, la de los viajes como ganados…) y hacen caer también a las imágenes televisivas (la sublimación de la violencia de aquellas).
¿Cómo podemos leer esta furia? Viajamos todos los días, y cargamos con la vivencia de un viaje de mierda, apretados, retrasados, con insultos, empujones y boqueadas entre nosotros. ¿Qué hacer con esa bronca?...
lunes, 31 de mayo de 2010
El vagón y el pogo-avalancha.
El vagón: lugar en que lo cotidiano remite a lo laboral, al agobio y al caos de transitar la ciudad en un tiempo social disciplinado. Clusters de cuerpos, una masa de músculos, pieles, cabezas, brazos, ropas, bolsos, carteras o mochilas, mp3s, celulares, DVD truchos, acero, angustias, frustraciones, y anhelos cotidianos. El vagón como un depósito de cuerpos. El galpón en donde cuerpos con los nervios en carne viva conviven amuchados. (Parecidos a nudas vidas). En el vagón, los cuerpos irradian nervios, malestares, molestias que se expulsan y se trasmiten de uno a otro, marcando el límite de soportabilidad con el otro y con uno mismo.
El pogo: También es el punto de partida es el hacinamiento de cuerpos. El lugar aquí es el recital, en donde una atmósfera mágica envuelve el aire haciendo que miles de cuerpos se desplieguen en direcciones contrarias a los rígidos y fatigados movimientos corporales cotidianos. Este es un lugar festivo, lúdico, elegido. Cuerpos juntados, pero alegres, desbordantes, movidos por el principio de la embriaguez. La música que desarma y desmiembra cuerpos individuales y los diluye en moldes más grandes.- gigantes-. Cuerpos que dejan su condición finita para expandirse en el espacio, continuándose en la liquidez del cuerpo vecino. Una marea de cuerpos hacía ninguna dirección.
La avalancha: Aquí el lugar donde se realiza es la cancha, y específicamente la popular, donde no encontramos asientos que hagan de moldes, sino una gran cantidad de escalones (de cemento o de madera) que hacen de base donde los cuerpos, se mueven para acá, se mueven para allá, marcando otro tipo de ritmos de nuestros cuerpos. Cada banda, de cada hinchada marca un ritmo de partido, y los para-avalanchas nos permiten marcar el movimiento de los cuerpos, los traspasamos, y también podemos colgar de ahí. Vemos en la avalancha cuerpos que se disuelven y se desarman en la alegría, momentos embriagantes y sagrados como en el pogo. Y no se trata solo de la presencia de alguna canción o un gol, sino de una manera de estar entre nosotros, una manera de tocarnos donde ponemos nuestros cuerpos dispuestos a desarmarse en otro cuerpo más potente y alegre.
Dos formas de hacinamiento (una el vagón y otra el par pogo-avalancha) revestidas por diferentes sentidos.
jueves, 6 de mayo de 2010
Colgados del tren

... Muchas veces, cuando los trenes viajan vacíos, o digamos, con pocas personas paradas, se pueden ver, todavía, algunos de esos cuerpos que viajan colgados del tren, como viajantes fantasmas, ángeles caídos que se suben a un tren sin saber de dónde viene ni a dónde va...)
viernes, 20 de noviembre de 2009
Bastones que pegan con razones. (De aguafiestas, pibes y gente decente)
martes, 10 de marzo de 2009
Los Antipibes
