jueves, 19 de diciembre de 2019

Nuevo libro! La Sociedad Ajustada




Las elecciones sacaron al macrismo del Palacio y a la Argentina del racimo regional de gobiernos de derecha. Este acontecimiento mostró la perseverancia histórica de un peronismo silvestre que hay que rastrear en subjetividades y sensibilidades sociales plebeyas antes que en estructuras partidarias y en identidades culturales. Se inaugura un escenario social y político novedoso y complejo. Los años de macrismo habilitaron y recargaron, con el control de los fierros estatales y mediáticos, el revanchismo social. También dinamitaron por el aire redes y rejuntes que sostenían vidas al borde del terror anímico en una sociedad precaria que nunca se encaró como la verdadera ’batalla cultural y material’.

El libro se compone de cuatro partes: 
Cuando la noche es más oscura es un prólogo que se pregunta sobre la escritura y la investigación en tiempos de ajuste. 
La segunda parte, bajo el nombre de Pinturas de guerra, es una serie de crónicas conurbanas que atraviesan la llegada de policías comunales a los barrios, salitas de salud, comedores populares, centros de rehabilitación, cárceles y talleres artísticos con jóvenes. 
La tercera parte aborda una serie de hipótesis políticas que describen la sociedad ajustada, abordando conceptos como Máquina de gorra, Militancias en la implosión, Inflación y terror anímico, Mayorías cansadas, Nuevos y viejos odios y Aguante todo. 
El libro termina con Peronismo silvestre, un epílogo que busca pensar más allá de la grieta, desde una perspectiva plebeya, caótica e indócil.
Esta cartografía de la sociedad ajustada, en continuidad con una ´genealogía de la precariedad a la argentina’ que el Colectivo Juguetes Perdidos despliega desde hace varios años, es una tarea urgente que requiere de una militancia inquieta y 24/7 y de una apuesta constante por la conquista de nuevas percepciones políticas.


La Sociedad Ajustada. 
Tinta Limón Ediciones, diciembre de 2019
128 p.; 19,5 x 13,5 cm.
ISBN 978-987-3687-61-7

martes, 29 de octubre de 2019

Apuntes rápidos sobre elecciones y gorrudismo social



Votamos con alegría –la extensión de ese Nosotros alegre es insondable, indeterminado y por eso potente. Han sido cuatro años brutales de engorramiento y endeudamiento, de movilización social y ´gubernamental´ de afectos oscuros y shock económico –y anímico- que arrasó ciudades y barrios, que dejó un campo social repleto de vidas heridas por el ‘ajuste de guerra’ (ese que mutiló las expectativas vitales de quienes se negaron a enfriarse y ´achicarse´).
Festejamos y respiramos porque sacamos a ´La Gorra Coronada´ del palacio, pero sabemos también que queda una pesada herencia muy jodida con la que habrá que lidiar.

En la embriagada noche del domingo, Cristina –artífice principal de la ‘unidad hasta que duela’- volvió a deslizar una de las preguntas que más nos inquietó durante todos estos años: ´¿qué pasó?´, ¿de qué modo pudieron gobernar estos gatos blancos durante este tiempo?

Hay que leer los votos teniendo en cuenta la materialidad de las formas de vidas, cómo se fueron reconfigurando hábitos, afectos y energías sociales en los últimos años de ´crisis´ de la economía (inflación, endeudamiento, desocupación) y de gorrudismo recagardo.

Una de las caras de esa materialidad es sin lugar a dudas el ‘cansancio’. No se puede pensar las elecciones sin la quemazón y los tanques anímicos casi vacíos con los que se anda cotidianamente. Después de las PASO, y como parte de una investigación permanente que venimos haciendo en diferentes lugares, decíamos sobre ese suelo anímico y material que devino rechazo en las urnas a Cambiemos: “Las mayorías cansadas tienen cada vez menos redes en donde recostarse y bajar(se) del enloquecido loop de la vida mula re-sentida. Ven sus ‘vidas desorganizadas’, como dice Cristina; vidas expuestas a la aceleración y a la cotización de vectores sociales sobrecargados que te hacen padecer un brutal e incontrolable terror anímico. Vidas sobre las que se ‘ajustan’ –o se mutilan– redes imprescindibles para la subsistencia vital y social y para conjurar la precariedad totalitaria: trabajos, dinero, subsidios, ‘derechos’. Vidas intranquilas y desesperadas: esa tonalidad afectiva es la que se percibe en la serie de gestiones cotidianas que entristecen y extenúa al cuerpo (…) la tonalidad afectiva de los barrios ajustados es el cansancio. Vidas aplacadas y a la vez híper movilizadas, por todos los vectores sociales que se intensificaron con la crisis hasta el enloquecimiento. Hay que gestionar una vida con cada vez menos margen de tiempo, guita y combustible anímico. Las deudas crecen y no se pueden pagar, las familias ampliadas, malregresadas o hacinadas en las piezas que se copan y alojan, los laburos que escasean o devoran cada vez más energía vital, la desocupación que es más ocupación de la cabeza quemada e impotente por la falta de guita. (...) Es probable que las mayorías además de ‘con el bolsillo’ voten desde ese estado de cansancio e intensidad oscura que las toma. Es probable también que el ajuste feroz del macrismo haya implosionado la geografía anímica de esas guerras cotidianas: las trincheras, las retaguardias; todo recoveco para respirar se obturó y revienta cada vez más hacia ‘acá’. Guerras y cansancios de la precariedad son afectos que desbordan el economicismo y que también son parte –y complejizan– el casi cincuenta por ciento de FF”.

Se votó con alegría, se votó con cansancio y una buena parte de la sociedad votó también para reafirmar electoral y políticamente un gorrudismo cuya densidad social es indiscutible. Esas ‘fuerzas anti’ están vivas, siguen vivas, han sustentado a la Gorra Coronada y se han retroalimentado pasando por ella: esas fuerzas son la verdadera pesada herencia porque saben funcionar ´sin el palacio´.

El acontecimiento electoral de agosto, decíamos, no reseteó necesariamente a la sociedad Argentina, es un error apurar lecturas e interpretaciones ´sobre ideologizadas´ que al toque le imprimen un ´cambio de dirección´ abrupta (de una sociedad ´derechizada´ que votó a Cambiemos en el 2015 a una sociedad que gira a la ´izquierda´ y rechaza el neoliberalismo) tampoco ´lo electoral´ tiene que borrar la investigación y la cartografía de las sensibilidades sociales y los odios que parieron la gorra coronada. Percibir los nuevos odios es meterse con las formas de vida y las guerras sociales actuales: relevar sus muertes, sus violencias, las jerarquías que se establecen, así como las invenciones y las resistencias. Se trata de registrar cómo se soporta hoy el trabajo precarizado o la falta de changas o la desocupación (que más que ociosidad forzada es tiempo intensamente ocupado en gestionar la cotidianidad), pero también los quilombos familiares, la necesidad de consumo y el endeudamiento, la violencia barrial, el desprestigio social, los malestares corporales gratuitos, el viaje hacinado en trenes y bondis. Los ‘nuevos odios’, incubados en el campo de batalla de la precariedad, parten de vidas heridas que no pueden ser leídas solo desde las nociones de falsa conciencia, manipulación mediática, zonceras y fake news. Y mucho menos como gestos de derechización ‘ideológicos’. No sólo del endeudamiento externo está hecha la “pesada herencia” con la que habrá que lidiar; nuevos odios, familias ajustadas y endeudadas, gorrudismo ambiente y barrios picantes, es el inestable fondo social sobre el que correrá el próximo gobierno.

El economicismo torpe no explicó la gobernabilidad del macrismo durante estos años ni tampoco su caída. Que con una gestión desastrosa de la economía se vayan de la Casa Rosada con un porcentaje electoral tan alto demuestra la vigencia de una de las hipótesis con las que leímos estos años: “aún en un contexto de congelamiento de la economía y brutal ajuste, el macrismo ha operado constantemente reemplazando dinero en el bolsillo por gorrudismo en el corazón: la verdadera cláusula gatillo de estos años parece haber sido la licencia para ejercer el microverdugueo y aplicar jerarquías sobre los cuerpos que cargan con el odio social (las ‘mantenidas del plan’, los pibes silvestres, vendedores ambulantes, laburantes precarios…). La inflación a la que no se le ganó con las ‘paritarias callejeras’ y las movilizaciones tuvo una compensación en un salario ‘anímico’ que deja hacer –y descargar– a las fuerzas más oscuras que circulan por nuestra sociedad.”

La liturgia gorrera (´esa cultura gorruda´ que llegó para instalarse), el salario anímico, los nuevos y viejos odios sociales, la vida mula re-sentida (tan ajustada como vigorizada en estos años de alianza entre derechizaciones vitales y fierros estatales en manos de estos antitodo) diagraman un campo de juego que permiten leer la materialidad en la que se despliegan las votaciones y evitar así la recurrente perplejidad con la que se vivieron estos años. Asombro, lecturas sobreideologizadas o emocionales: ´estados´ que hablan de una gran pereza política y vital: la que se niega a problematizar percepciones y a investigar realmente qué carajo ‘nos’ pasó.

Durante estos años, ante el avance que significó el macrismo en cuanto ‘alianza de clase’ que fundió fuerzas anti de origen popular con las eternas y tradicionales fuerzas anti del país –de las clases propietarias y empresariales–, apostamos políticamente por el ‘Aguante-Todo’. Gesto, agenda y apuesta política que mantiene abierto e indeterminado ese ‘realismo del cansado’ y permite militar y pensar el escenario cada vez más jodido que nos toca vivir. Un enunciado que tiene la amplitud de ir desde la intimidad sufriente e inquieta que rechaza los ‘cierres de época’ y sigue insistiendo, a ese peronismo que continúa perdurando como una opción vital para rechazar de a muchos y muchas la docilidad y la sumisión ‘total’. Fibras históricas que muestran la salud de una inoxidable pasión alegre, esa que nos moviliza desde la dignidad, el agite, el desborde y la negritud (de formas de vida y no solo de piel). Ese peronismo silvestrizado que no agoniza –ni larga ni súbitamente: ´yerba silvestre nunca muere´ – y que no hay que buscar solo en armados políticos y en identidades, que es antes que nada ‘sensibilidad’ que rechaza y se ofrece como fondo virtual para volar por el aire esos enunciados realistas cuando se vuelven intolerables y asfixiantes: ‘no hay alternativa’, ‘no hay atajos’, ‘es esto o el caos’. Ese peronismo silvestre que no es gesto pop o culturalismo clasemediero está obligado por su historia a disputar la precariedad totalitaria –y no únicamente “batallas culturales” o agendas progres– que lastima a las vidas populares. Para los difíciles tiempos que ya se están viviendo será central que se puedan leer esos mapas de nuevos odios sociales, que se ausculte a esas multitudes cansadas y muleadas y que se quiera ‘gobernar con el aguante todo adentro’.

Un aguante todo que no solo ha servido para alimentar el armado electoral (unidos y con una avalancha de votos en el conurbano…) que sacó a estos gatos del palacio, sino que se continua en las militancias y agites varios, que se juega en la vitalidad del ‘peronismo silvestre’, y que será híper necesario para mantenerse alerta y pillos en el escenario complejo que se viene profundizando, el de las implosiones sociales que llegaron hace rato y no paran de crecer en intensidad y densidad.

“Todo parece pudrirse cada vez más acá y esto incluye disputas cuerpo a cuerpo, violencias en los interiores estallados, entre vecinos y vecinas, incluso cuerpo adentro. Todo se rompe y estalla hacia un adentro cada vez más espeso e insondable. Implosiones –en muchos casos– huérfanas de imágenes políticas y regaladas involuntariamente al gorrudismo ambiente, al securitismo”, decíamos hace un tiempo, resaltando la necesidad y la urgencia de conectar las agendas políticas y militantes “tradicionales”, con una militancia en la implosión; insistencias y agites varios que a pura prepotencia vital y organizativa saltan por el barrio, por una escuela, por una sede comunitaria, por un espacio silvestre, etc.

Además de este plano de las implosiones sociales intensificadas por la crisis económica vamos a asistir a una ´calle´ y a una sociedad con gran belicosidad (por el ajuste acumulado, por las ´demandas´ sueltas que circulan –y que no se le reclamaron a Cambiemos, pero que sí probablemente se lo haga al peronismo–, por la ´oposición a la venezolana´ que también pretenderá mostrarse movilizada). Los sueños secos del neoalfonsinismo deberán esperar para más adelante. Se vive una sociedad implosionada y picante, en la que se dará el desplazamiento de ´la gorra coronada´ a una máquina de gorra (nombre de nuestro inminente próximo libro), aceitada para funcionar entre las implosiones sociales y la precariedad, y aumentada por todos los ´derechos´ y empoderamientos que acumuló en estos años de respaldo estatal.

A esa máquina de gorra habrá que oponerle la fuerza política y social del ´Aguante todo´, que no es ‘acuerdismo’ ciego, ni mera estrategia electoral, sino un enunciado político y vital que, ‘por abajo’, puede ser el reverso posible a ese complejo entramado de  precariedad y gorrudismo social.

(Colectivo Juguetes Perdidos, 29 de ctubre de 2019)





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sábado, 27 de abril de 2019

Pesada herencia (implosiones y elecciones)


(Nota publicada en Tiempo Argentino, abril de 2019)

La sociedad Argentina no soporta los ajustes y se moviliza ante cada gran crisis económica. O los banca demasiado refugiándose y poniéndole al mal tiempo cara de orto. O la mastica y los ‘digiere’ vía implosiones y engorramiento feroz. Implosión es crisis que estalla para el lado de acá: replegada y ajustada en un interiorismo cada vez más recargado y asfixiante; crisis para adentro del barrio, para adentro del hogar, para adentro del cuerpo y la psiquis; crisis puertas y subjetividades adentro: gobernar las implosiones sociales es entonces gestionar la crisis privatizándola.

En estos meses vemos, una vez más, que el sufrimiento social y ‘popular’ que provoca el aumento de precios y tarifas es inversamente proporcional a la atención que históricamente se le dio a la inflación en el progresismo ‘dolarizado’ y en la militancia ilustrada. Los mismos que se la pasaron haciendo psicología berreta sobre los y las pobres y su relación con el consumo, más preocupados por el goce excesivo y sus efectos que por la falta de dinero y la capacidad de financiar un día cualquiera en la sociedad ajustada (muchos fruncen el ceño si ven a los pibes con altas yantas y ropa deportiva, pero no si tienen la SUBE vacía y quedan atascados en el barrio –y en la posibilidad existencial– de origen).
La inflación mutila hábitos vitales y el ajuste revienta, por implosión, formas de vida. Pero también la inflación se conecta con el terror anímico –al que intensifica y recarga–, que no suele distribuirse de manera igualitaria en una sociedad precaria y en plena crisis económica. Ciertas vidas, cuando las toma ese terror, quedan expuestas al abismo de la precariedad; el terror anímico no es por eso pánico moral ni rechazo cultural o ideológico a un ‘gobierno de derecha’: es amenaza concreta de que las frágiles redes sociales, familiares, barriales y económicas de las que se depende pueden ceder y arrojarte al precipicio.
Tardes de ociosidad forzada y caldeada nos muestran el rejunte involuntario y no deseado en los barrios ajustados. Vecinos treintañeros o cuarentones ‘sin trabajo’ (pero no ‘desocupados’ ni mucho menos ‘desendeudados’: los cientos de pequeños y grandes quilombos que se acumulan cada día traccionan demasiada energía psíquica y física); vecinos más veteranos que tienen agrios anticuerpos subjetivos (por la fatal memoria del recurrente trauma económico argentino); doñas que bancan el hogar con poca plata y dan una mano en el comedor (hoy en día todo deviene comedor o ring de boxeo: una escuela, una sede de programa social, un centro comunitario… todo deviene un lugar para morfar y también un lugar para pelear); vecinas asustadas y refugiadas; ‘transas’ que también son ‘prestamistas’; militantes que no se quemaron y siguen caminando por ahí; policías de todos los colores; vecinos ‘justicieros’ y pibes terribles; alguna trabajadora social con abrumador cariño gorrudo para dar; pibas que se quedan en la casa con los hermanitos o están en las paradas de bondi yéndose del barrio para sostener alguna changuita (el barrio es siempre lugar de paso para la mayoría de ellas); la vagancia que estaba en el barrio desde siempre, pero que ahora está más inquieta y padece en silencio o bardea y se bajonea o está en banda y espera… (con poca guita para el escabio, las drogas, la gaseosa, la tarjeta del celular, para hacer unos viajes por ahí en el bondi o en el tren, para ponerse bonitos en la barbería o comprar unas ropas que se puedan estrenar en el feisbuk). Inflación mas rejunte es depresión y también desesperación.

Aún en un contexto de congelamiento de la economía y brutal ajuste, el macrismo ha operado constamente reemplazando dinero en el bolsillo por gorrudismo en el corazón: la verdadera cláusula gatillo de estos años parece haber sido la licencia para ejercer el micro-verdugueo y aplicar jerarquías sobre los cuerpos que cargan con el odio social (las ‘mantenidas del plan’, los pibes silvestres, vendedores ambulantes, laburantes precarios…). La inflación a la que no se le ganó con las ‘paritarias callejeras’ y las movilizaciones tuvo una compensación en un salario ‘anímico’ que deja hacer –y descargar– a las fuerzas más oscuras que circulan por nuestra sociedad. Hace poco Marcos Peña dijo que “más que una batalla por el bolsillo es una batalla por el alma de la Argentina”. Es cierto, no se trata de burdo economicismo (como algunos asesores insisten en proponer), en las elecciones se juega otra cosa: la posibilidad de que se consolide un alma gorruda y mula o –si es que se pueden juntar y proselitizar las fuerzas silvestres que insistieron aún en estos años de agobio– la posibilidad de que se consoliden las resistencias de laburantes que a pesar del terror financiero la siguen agitando, las movilizaciones de las pibas que copan y le ponen alegría vital a una sociedad Anti-fiesta, la memoria afectiva y los ‘empoderamientos’ de la década ganada… Si se puede conducir a la urna a todas las fuerzas fisiológicamente anti-macristas (y rascando también el fondo de la olla histórica para agregar en el rejunte a los viejos agites e intolerancias de la sensibilidad plebeya) se podrá tener la expectativa de ‘amputarle’ la casa Rosada a la gorra coronada.
Pero ganen o pierdan las elecciones –o incluso si no llegan a disputarlas, o si es el mismo ‘círculo rojo’ el que apure el desenlace– como militantes tenemos que continuar con un laburo de investigación y agite permanente: pensar y disputar la verdadera pesada herencia que quedará en la sociedad Argentina; la del feroz endeudamiento y engorramiento.

lunes, 11 de febrero de 2019


Taller de Escritura Política  2019

Estamos metiéndole el cuerpo al calendario ajustado para extraer tiempo físico y sensible (léase: no taan mal enloquecido por los dramitas y dramones de la precariedad, ponele) destinados a sentar los tres culitos frente a las pantallas y terminar de componer el prometedor cuarto libro (investigaciones delirantes que continúan –mutatis mutandis- las cartografías iniciadas en Quién lleva la gorra y El cielo de los piolas, escritos filosos que extienden hasta nuestros días La gorra coronada. Diario del macrismo, etc.).
 Se nos ocurrió que para financiar el berretín de la escritura nada mejor que armar un Taller que muestre en vivo algo de esa ´intimidad que escribe´. En nuestra imagen de escritura plegamos también la de cartografía, investigación delirante y, sobre todo, puesta en acción de dispositivos concretos en donde escribir es también agitar y sostener espacios de trabajo con pibes y pibas, encuentros y talleres con organizaciones políticas, trabajadores de la salud y la educación, movidas en presentaciones nocturnas o en cárceles, etc.

La propuesta consiste en desplegar a lo largo de cuatro encuentros el ´método´ y el trabajo de escritura política colectiva que venimos ensayando desde hace más de diez años: ´escritura para el agite´, ´escritura en raje´, ´escritura en y de las implosiones´, ´escritura e insistencias´. Pensar la escritura como un modo de tantear problemas políticos claves: qué significa intervenir (relación entre intervención y percepción), qué nos dice hoy la noción de manifiesto, qué implica escribir a partir de lo que el lenguaje Político define como sensibilidades y vidas no-políticas, qué es una escritura colectiva (lo colectivo aquí como multiplicidad, como continuidad de experiencias que nos juntan y nos encuentran y no como grupismo con candado al Afuera. ¿Qué decir del continuo entre Nosotros textual y Nosotros político? ¿el Nosotros que escribe funda un colectivo político o viceversa…?), qué cose escritura con intensidad y escritura con sensibilidad, qué diferencia a una escritura política que continúa -por ´otros medios´- un agite vital de una escritura que representa ´lo político´ y enfría –se aleja- de las vitalidades ambiguas y amorales, hay una escritura de la coyuntura Política que no sea comentarista –´posteista´- (una escritura política que se proponga perforar el régimen de obviedad).

En cada uno de los encuentros nos colgaremos en estas preguntas, ejes, hipótesis e inquietudes de laburo, leeremos textos de autores queridos, compartiremos registros ´privados´ (fragmentos de diarios que nunca publicamos, apuntes de taller inéditos, etc.) homenajearemos también - ¿cómo no hacerlo? - a esa literatura y a esa música que colectivamente nos parió.

En los encuentros habrá momentos en que propondremos ejercicios de escritura -ensayitos que tonifiquen los berretines que cada quien traiga para compartir- pero, aclaramos, no será un taller para “enseñar a escribir”, simplemente porque, por suerte y a dioses paganos gracias, ninguno sabe hacerlo. Ni corrección de textos, ni consignas creativas, ni escritura espontánea, ni ninguna de esas boludeces por el estilo, tan solo proponemos un taller sobre Escritura política: con la alegría y la seriedad vital que la ocasión amerita.

1er. encuentro: De la escritura-Manifiesto a la escritura de lo que se manifiesta.
¿Qué es una escritura para el agite?
Escritura-manifiesto para hacer inagotable el acontecimiento; una escritura para provocarlo. Una escritura de ´lo manifiesto y del acontecimiento que fatalmente nos tomó.
Acontecimiento-Cromañón: del Nosotros generacional al Nosotros perceptivo y ´textual´ como conquista y invención.
Investigación delirante: exageración y sobrefabulación (un diálogo ´flashero´ y escrito con los pibes y las pibas).
¿Cómo pensar una escritura en raje? Alianza insólita y zona neutral en los espacios de trabajo con los pibes y las pibas. 
Bibliografía posible:
“Cromañón una década”. Por Atrevidos
“Servicio militar a cielo abierto”. ¿Quién lleva la gorra?
“Epílogo. Hacia una nueva adultez”. ¿Quién lleva la gorra?
J. F. Lyotard (extractos de Economía libidinal)

2do. encuentro Mapeo de afectos/ Escritura en alianza insólita.
Las alianzas insólitas cuando escriben: rechazo a las jerarquías, al ´extractivismo´ y a las fronteras sensibles.
La escritura como investigación vital (´la vida como laboratorio del que investiga´): el ´taller´ y el ´aula´ cosido libidinalmente a la cotidianidad ajustada, a la nocturnidad festiva o solitaria, a la vida mula, a lo doméstico y lo ´privado´, a los ´quilombos afectivos y materiales´ de la precariedad, etc. (las preguntas sobre las que se escribe son susurros permanentes que nunca nos dejarán en paz…)  
Bibliografía posible:
F. Delygny, extractos de Lo arácnido
“San Deligny”, epílogo a Semilla de crápula por Colectivo Juguetes Perdidos.
Nietzsche, Varios.

3er. encuentro ¿Cómo se escribe en la implosión? / Escribir en –y del- macrismo.
Investigación urgente. Una escritura ligada a las implosiones (el contra-plano de la escritura del raje. Un reverso que, sin negar ni opacar ese plano de fugas, nos muestra por intuición otra perspectiva, otra posición en la guerra civil actual. Un diagnóstico reiterado: el macrismo como estado de guerra contra modos de vida, disidencias, armamos más o menos consistentes, contra todas las fuerzas silvestres que recorren la sociedad Argentina…)
Escritura –y militancia- en la implosión. Escritura y soledad política. Escritura en la derrota y en la guerra… 
Bibliografía posible.
“Veneno paciente”, Colectivo Juguetes Perdidos
Materiales varios (notas coyuntura, crónicas).
Escrituras en curso

4to. encuentro Escritura e intensidad
Insistencias como modos de resistencias al régimen de obviedad macrista.
Escritura y disputa por la intensidad: las existencias menores que tenemos que escribir.
Escritura, insistencias y vitalismos oscuros y amorales.
Insistencias que capturen las vidas que sumariamente se dictaminan (a nivel mediático, teórico, académico, “militante”) como no-políticas.
La escritura como máquina de guerra: entre el terror anímico y social al desborde y la apuesta ético-política por el contagio y el derrame de intensidades.
Bibliografía posible.
J. F. Lyotard, fragmentos de Economía libidinal y Lecturas de infancia
D. Lapoujade, fragmentos de Los movimientos aberrantes y Las existencias menores
Materiales varios (notas coyuntura, crónicas).
Escrituras en curso
Militancias en el estallido y la implosión, por Colectivo Juguetes Perdidos. 

lunes, 29 de octubre de 2018

Veneno paciente (militancias del estallido y militancias en la implosión)


Nota publicada en Tiempo argentino (octubre de 2018)

Mientras gran parte de la energía militante se distribuye –y se ocupa– en las expectativas ligadas al estallido que “se viene”, en el calendario electoral del año próximo, en las reflexiones sobre “la crisis política” que se profundiza, en auscultar con asombro –y en algunos casos, profundo desconocimiento– las vidas populares que soportan la inflación “y no la pudren”; mientras se hacen mapas y se encargan diagnósticos apurados para saber “en qué andan los territorios” pensando en las interpelaciones partidarias, las implosiones sociales llegaron hace rato y no paran de crecer en intensidad y densidad. Barrios ajustados y ‘picantes’, pibes y pibas sub-20 con la SUBE en saldo negativo –o el tanque de la moto sin combustible–, el celular sin carga y sin dinero para la ropa o para la peluquería, laburantes con menos changa, más deudas y más tiempo muerto obligado pesando sobre el cuerpo… y aumenta la gaseosa, la cerveza y la leche –estos no son los noventa–, y aumentan las drogas y se hacen más esporádicas “las salidas” y los esparcimientos, y los comedores y las escuelas están rebalsadas y detonadas. Barrios ajustados, rejuntados y estresados en los cuales todas las implosiones que ‘antes’ acontecían dispersándose por diferentes zonas de la geografía urbana y suburbana ahora lo hacen en cada vez menos metros cuadrados: todo parece pudrirse cada vez más acá; y esto incluye disputas cuerpo a cuerpo, violencias en los interiores estallados, entre vecinos y vecinas, incluso cuerpo adentro (los órganos se ajustan y también implosionan: estómagos destrozados, adicciones y depresiones que sin redes económicas son pequeñas muertes: el macrismo además de arruinar formas de vida, es arruina vidas biológicas).
Todo se rompe y estalla hacia un adentro cada vez más espeso e insondable.  Implosiones –en muchos casos– huérfanas de imágenes Políticas y regaladas involuntariamente al gorrudismo ambiente, al securitismo, al realismo sórdido de la derecha y su eficiente gestión cotidiana de la intranquilidad y del terror anímico que la precariedad provoca y que, sumado al brutal terror económico conectan realismos vecinales y sociales que piensan en términos de defensa social, de guerras a escala barrial, de clausuras de las vidas puertas adentro (una imagen de este doble terror son las brutales aumentos en las tarifas de luz o gas que revientan las economías domésticas).

Muchos de los vectores sociales sobre los que se realizan pequeñas apuestas al estallido ya están ‘quemados’ vía implosión. ¿Cómo pensar y alimentar una militancia en la implosión? Hay un ojo militante acostumbrado a mirar únicamente lo que se muestra como ‘conflicto social’: la movilización callejera que enfrenta al Palacio, los cortes de calle y la toma de edificios, los enfrentamientos cuerpo a cuerpo con las fuerzas de seguridad, etc. Durante estos largos tres años de macrismo, la sociedad argentina mostró la buena salud de un históricamente robusto músculo militante; pero parece no ser suficiente si no se puede conectar y ampliar esa militancia del estallido social a la militancia de las implosiones: una militancia recargada que logre moverse en ambos planos y que vaya más allá de las escenas públicas masivas y evidentes; una militancia que no espere que lo que viene implosionando –barrios y vidas adentro– simplemente ‘estalle hacia fuera’ y en las coordenadas y mapas que el discurso político previamente le asignó. Hay que trabajar sobre y en esas implosiones; son imprevisibles, amorales, violentas, no-históricas… percibirlas y conectar con ellas requiere de un trabajo de verdadera artesanía política. Artesanía y militancia que sostenga la presencia y ‘los espacios’ en los interiores implosionados –no sólo hogares, familias o barrios, también grupos de amigos y amigas, espacios comunitarios de todo tipo, etc.–; una militancia que trabaje ‘del lado de adentro’ de los cierres, que piense en los bajones anímicos y en los momentos de repliegue solitario, que se mueva como pez en el agua entre las fuerzas silvestres que siempre parecen quedar más allá de la “organización política”. Militancia en la implosión es el armado de redes en medio de la precariedad, de apuestas por rejuntes que conjuren el terror anímico, espacios que vayan más allá del guetto de clones (la militancia no es una aplicación que funciona por algoritmos ni un programa de diseño que photoshopea y emprolija vidas…).

Para oponerse realmente al macrismo hay que salir de las falsas oposiciones: la calle o las elecciones, “lo micro o lo macro”, “la economía o la política”, “la paz social o el quilombo”, etc. Más que una separación inofensiva organizada por las “o” se trata de una apuesta por alargar y poner en serie las “y” en las cuales será inevitable encontrarnos y reforzarnos. Desde esas conjunciones –y evitando borrar la complejidad de los escenarios sociales– y ‘ensanchándose’ hay que pensar al macrismo: ajuste, inflación y precariedad totalitaria de fondo; FMI, recesión y endeudamiento a escala barrial y en las vidas implosionadas; protocolos para reprimir la protesta social y nuevas economías de la violencia barrial (que no son solo “potestad” de la policía); luz verde para la represión de las fuerzas de seguridad y engorramiento vecinal; despidos, verdugueo laboral y vida mula; terror económico y terror anímico; gendarmería, policía local y violencia entre banditas; organización Política y agite permanente; asambleas y reuniones Políticas a plena luz del sol y encuentros y agites en plena noche; investigaciones sobre las vidas de los otros e investigaciones sobre la propia vida. Si el macrismo ataca en todos los frentes es imposible pensarlo y “resistirlo” desde una única y conocida columna.

El macrismo pareciera ser la suma de los odios históricos de la derecha tradicional y de los ‘nuevos odios’ de la derechización existencial en la precariedad (desde los “cabecitas negras” hasta las mantenidas del plan). Una suma de todas las fuerzas Anti-Todo a las que sólo cabe oponerle un Aguante-Todo: sacrificio, disciplina y ascetismo, fiesta, agite y gedientismo; militantes de rostro serio y militantes de pura carcajada, cuerpos de pie y cuerpos acostados, vidas endeudadas y vidas sonadas, pibas a todo ritmo y doñas de vieja moral, economía popular, laburantes pillos y vagos inquietos. Que estén los ‘cuadros’ pero también las vidas heridas por el ajuste de guerra.
Una ‘militancia’ que convoque a todas las fuerzas silvestres que circulan sueltas por la sociedad gorruda. El rumor cada vez más audible de esas fuerzas caóticas no puede “aislarse”: para esas fuerzas no hay “antídoto” posible y eso el Palacio lo sabe. Sería deseable que también lo aprendamos nosotros; caso contrario, la recesión seguirá siendo también vital.

lunes, 25 de diciembre de 2017

las aldeas de los pitufos

A nochecer de un viernes agitado en un kiosquito del bajo Quilmes. Un patrullero de la policía local aminora la marcha y desde adentro se escucha la voz del Maxi por el megáfono: “Vagos... vayan a laburar… Ahora vuelvo”. Aún dentro del auto se saca el uniforme y se queda tomando unas cervezas con varios pibes y unos laburantes cansados que improvisan un after-obra a cielo abierto. 

El inquieto turro Seba, un sub veinte del barrio Don Orione que tuvo su primer laburo en “la local”, festeja el fin de jornada a todo ritmo y tribuna haciendo un posteo de Facebook sobre su trabajo de poli part time: “Me saco la pilcha de laburante, me pongo la tumba y me voy pa’ la cancha”.

La Policía Local es un engendro que porta la inconfundible marca de origen del kirchnerismo. Aparece como una salida para jóvenes que ven ahí la posibilidad de alejarse un tiempo de la enloquecedora calesita come-pibes que es el mercado de trabajos precarizados. Un empleo municipal “en blanco”, por momentos cercano a la contraprestación requerida en el Argentina Trabaja, donde te forrean menos que en el kiosko, el delivery, los locales de ropa o te desloman menos que en la obra. Una oferta laboral que engrosa la economía de servicios made in conurbano: peluquería, enfermería, policía local.

“Elegí ser policía local porque me servía el dinero y no tenía a nadie que me mande, trabajando en la calle, que para mí la calle no se cambia por nada… es como un laburo libre, no es estar encerrado en la fábrica y que te vigilen. Estás en la calle, hacés prevención y es más relajado”, dice David, que vive en José C. Paz pero laburó en el municipio de Malvinas Argentinas antes de que lo rajaran por llegar tarde y “hacer cualquiera”. 

Una fuerza de seguridad que atrae y enrola los deseos de los pibes y les permite rellenar con sus berretines y su currículum oculto, callejero, la fallida formación que reciben. Para ser poli-pibe o poli-piba tenés que tener el secundario completo, DNI, presentar certificado de antecedentes penales, pasar los seis meses de instrucción paga (ahora se aumentó a nueve) y ya estás listo para patear los barrios. 
Jhonny tiene 24, labura en Avellaneda y entró durante la primera camada. “Ahora igual está distinto, es como más profesional, se baja otra línea”. Más profesional es más policial. La formación exprés, el disciplinamiento bajas calorías, la falta de internado (el cama adentro), el tenue pero existente hincapié en las retóricas de derechos humanos, permitió que esos espacios vacíos se rellenen con las sensibilidades sociales extrapoliciales pero también con la estofa de la propia biografía barrial o institucional. 

Maxi, treintañero de la vieja escuela callejera, compara la formación de la Local con su paso por el Servicio Penitenciario: “Ahí te dicen que tu compañero de promoción es tu hermano al que nunca vas a traicionar, y eso no se aprende en la Policía Local, esa línea no la bajaban. Por eso lo que pasa en los casos de denuncia (se refiere al video que circuló de un policía tomando cocaína dentro del patrullero) se ve que no hay camaradería en la Fuerza”. La falta de “mística policial” es también estratégica, se la suplanta deviniendo poli-pibe, pitufo gruñón o con la memoria corporal de los verdugueos vividos. “La policía local que no tuvo internado no tuvo esa formación. En el Servicio los jefes te podían denigrar y te decían ‘con esto se van a acordar siempre de nosotros, es por su bien’. Eso en la Local no existe, hoy la formación aumentó en todo lo que es la parte física, pero no en la parte espiritual digamos”. 

micro revanchismo por abajo

En marzo de 2017, en medio de intensas peleas con los intendentes por el presupuesto, Vidal anunció que por el desfasaje entre la cantidad de postulantes –aún hay inscriptos para el 2018– y la capacidad operativa y de organización de la fuerza, se frenaban los nuevos ingresos y egresos. Se estima que hay entre 16 y 18 mil efectivos en toda la provincia. La bonaerense tiene más de 90 mil agentes, aunque se calcula que un tercio de ellos está con licencias y fuera de servicio. También anunció que, en los municipios más populosos, la Local sería absorbida por la Bonaerense, algo que a nivel operativo ya viene sucediendo. La ausencia de dependencias propias hace que los agentes de la Local estén atados a la suerte del comisario bonaerense de turno y de la onda que peguen en cada comisaría. Si se suma su función de prevención y de policía de “proximidad” seguramente se entienda la falta de producción de una identidad común.

Si en vez de llanura la geografía física del conurbano bonarense tuviera colinas y cerros, el Siete colores sería un poroto al lado de las variaciones cromáticas del paisaje securitario: prefectos, gendarmes, bonaerenses, locales, agentes municipales de tránsito, en algunas zonas la federal, grúas como puestos de control, retenes y patrullajes a gamba, rondines de seguridad privada legales y truchos. Y posajuste, todos los colores brillan aún más: tienen presupuesto, luz verde para el micro revanchismo y sintonizan sin muchas interferencias con los ánimos barriales mayoritarios. 

Al igual que los operativos Centinela y Cinturón Sur que pos-Indomericano saturaron de prefectos y gendarmes los barrios del sur de la Ciudad de Buenos Aires y del conurbano, la Policía Local fue un reflejo del músculo securitista estatal hacia el engorramiento y la agresividad civil que empezaba a mostrar el ajustecito económico del kirchnerismo tardío. El decreto del 30 de junio de 2014 que la crea, es parte a su vez de la declaración de “emergencia en materia de seguridad pública en todo el territorio de la Provincia”.

fierro, pantalla y parla

“¿Pero cómo querés que no roben si están boludeando con el kiosquero de lo que hicieron el fin de semana y aquel otro está mirando la pantallita?”. La señora de pelo corto y anteojos de marco grueso grita sobre una avenida comercial de Avellaneda. Mientras un poli-pibe y una poli-piba recibían el reto en silencio, un grupito de comerciantes los defendía. Un arrebato callejero hace saltar la ficha del vecino cuidado. No es la señora indignada que pasea por la cuadra, ni los propietarios de la zona. Vecinos son acá los comerciantes de la avenida. 

La Policía Local opera como una fuerza de custodia de las fronteras comerciales, de las avenidas abarrotadas de locales en el centro de las localidades más populosas del conurbano. Esa proximidad da lugar a una sociabilidad espontánea de la que se sacan beneficios mutuos. “Hola, buenas tardes, buen día, siempre con respeto porque son los que te dan ‘covacha’, te brindan un vaso de agua, te dejan sentarte diez minutos. Siempre los tenés de amigos, y a ellos les sirve que estés parado ahí en la puerta del comercio”, cuenta David. Estar en los locales responde al impulso vital de cualquier pibe o piba que se mueve en ambiente natural: quedarse cerca de un kiosco o en la plaza, charlar con la gente o algún conocido. 

“El uso del celular es libre mientras no te vean los civiles. Eso lo vas manejando, te vas a una cuevita, la ‘covacha’ le decimos, y mirás lo que quieras, llamás, guasapeás y eso”. Una rutina laboral liviana y tediosa, pero más visible y expuesta que la de otras fuerzas de seguridad o empleos estatales. Si algo proliferan son los vecinos quejosos y mirones a modo de un panóptico social incontrolable. 

pitufos gruñones

No pasó ni un mes desde que los uniformaditos y uniformaditas de color celeste comenzaron a patrullar el conurbano, y en una plaza del centro de Caseros un pibe de menos de veinte años hace retroceder a los gritos a un pitufo. A unos metros, el grupo de amigos y amigas festejan la escena y se ríen a carcajadas. 

En sus comienzos en los medios de comunicación también los policías locales fueron víctimas de bullying en las noticias y comentarios de lectores: “Les robaron las armas reglamentarias”; “Accidentes en las prácticas de tiro durante su formación”; “Están de adorno”; “Son ñoquis municipales”. A diferencia del desembarco de la gendarmería o la prefectura en el conurbano, aquí su inexperiencia, su “pureza” y su novedad en territorios picantes, no parecía asegurar la confianza social sino la burla y el desprestigio público.

Pero las sociedades cambian y en marzo de 2016 varios diarios levantan una noticia que muestra a los celestes sacando los dientes y saliendo del roperito: un pibe que estaba haciendo un mural en la parte trasera de un monumento en la plaza de la estación de Quilmes, es golpeado y detenido por la Policía Local. En la pintura en cuestión se ve una imagen de un pitufo caído con los ojos en blanco y la lengua afuera; en un video que circula en Youtube el testigo que graba la detención dice que los policías locales le pegaron y lo detuvieron por ese dibujo. A esa escena de revanchismo le seguirán varias más en las que la Policía Local detiene a estudiantes en plazas de diferentes localidades; también circularán noticias que los ligan a secuestros, abusos de autoridad y sospechas de participación en delitos complejos. 

El tránsito de “ñoquis municipales” a pitufos gruñones no es de un día para el otro, pero sí muestra que las situaciones de violencia que protagonizan responden menos al aburrimiento y al tedio de la rutina laboral que a las sensibilidades gorrudas y a una violencia ambiente cada vez más espesa. Pero tampoco se entiende el revanchismo de los pitufos sin entender el acoso social que padecieron. Hace unos años conversando sobre la presencia de la gendarmería en su barrio, un pibito nos decía “a nosotros nos hacen –el verdugueo– lo que les hicieron a ellos mientras se hacían gendarmes”. Los agentes de la policía local no padecieron ese maltrato habitual, pero sí lo absorbieron en el espacio público. El que salió ileso del bullying social y no renunció o lo despidieron, ahora está oscuramente empoderado por las mismas fuerzas vecinales que lo miraban con rechazo porque querían ir por más uso de la fuerza física, más detenciones “que saquen a los pibes y a las pibas de la esquina”, más bala y menos estética.

Esta policía sietemesina creció y cambió. El macrismo se dirime entre borrarla del mapa y colocarla en la serie de la pesada herencia, “politizarla” y usarla para pispear y apurar a militantes y pibes y pibas que toman colegios, o permitir que la adopte la imprevisible familia de la bonaerense. Como nos contaba un rati local muy serio: “la otra vez nos decían que si no tiene documentos o se hace el rebelde o se pone hostil, lo llevemos a la comisaría y ahí arreglamos todo. En algunas comisarías está todo bien para ‘laburar’, te aceptan a cualquiera, no a cualquiera digamos pero sí a cualquiera que digas ‘este pibe se hizo el rebelde o el hijo de puta’… Hay otras comisarías que vos le llevás a alguien y te dicen ‘¿qué me estás trayendo?’, no quieren quilombo. Eso depende de los jefes de la comisaría. Nosotros trabajamos con una que está todo re bien... Hasta te lo cagan a palos ellos también, ja”.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Ya esta en librerías


En el día de ayer nació la tercera criatura, por suerte salió todo bien; parimos un monstruito encantador...(ojalá nos salga tan manijita como los anteriores).