lunes, 11 de febrero de 2019


Taller de Escritura Política  2019

Estamos metiéndole el cuerpo al calendario ajustado para extraer tiempo físico y sensible (léase: no taan mal enloquecido por los dramitas y dramones de la precariedad, ponele) destinados a sentar los tres culitos frente a las pantallas y terminar de componer el prometedor cuarto libro (investigaciones delirantes que continúan –mutatis mutandis- las cartografías iniciadas en Quién lleva la gorra y El cielo de los piolas, escritos filosos que extienden hasta nuestros días La gorra coronada. Diario del macrismo, etc.).
 Se nos ocurrió que para financiar el berretín de la escritura nada mejor que armar un Taller que muestre en vivo algo de esa ´intimidad que escribe´. En nuestra imagen de escritura plegamos también la de cartografía, investigación delirante y, sobre todo, puesta en acción de dispositivos concretos en donde escribir es también agitar y sostener espacios de trabajo con pibes y pibas, encuentros y talleres con organizaciones políticas, trabajadores de la salud y la educación, movidas en presentaciones nocturnas o en cárceles, etc.

La propuesta consiste en desplegar a lo largo de cuatro encuentros el ´método´ y el trabajo de escritura política colectiva que venimos ensayando desde hace más de diez años: ´escritura para el agite´, ´escritura en raje´, ´escritura en y de las implosiones´, ´escritura e insistencias´. Pensar la escritura como un modo de tantear problemas políticos claves: qué significa intervenir (relación entre intervención y percepción), qué nos dice hoy la noción de manifiesto, qué implica escribir a partir de lo que el lenguaje Político define como sensibilidades y vidas no-políticas, qué es una escritura colectiva (lo colectivo aquí como multiplicidad, como continuidad de experiencias que nos juntan y nos encuentran y no como grupismo con candado al Afuera. ¿Qué decir del continuo entre Nosotros textual y Nosotros político? ¿el Nosotros que escribe funda un colectivo político o viceversa…?), qué cose escritura con intensidad y escritura con sensibilidad, qué diferencia a una escritura política que continúa -por ´otros medios´- un agite vital de una escritura que representa ´lo político´ y enfría –se aleja- de las vitalidades ambiguas y amorales, hay una escritura de la coyuntura Política que no sea comentarista –´posteista´- (una escritura política que se proponga perforar el régimen de obviedad).

En cada uno de los encuentros nos colgaremos en estas preguntas, ejes, hipótesis e inquietudes de laburo, leeremos textos de autores queridos, compartiremos registros ´privados´ (fragmentos de diarios que nunca publicamos, apuntes de taller inéditos, etc.) homenajearemos también - ¿cómo no hacerlo? - a esa literatura y a esa música que colectivamente nos parió.

En los encuentros habrá momentos en que propondremos ejercicios de escritura -ensayitos que tonifiquen los berretines que cada quien traiga para compartir- pero, aclaramos, no será un taller para “enseñar a escribir”, simplemente porque, por suerte y a dioses paganos gracias, ninguno sabe hacerlo. Ni corrección de textos, ni consignas creativas, ni escritura espontánea, ni ninguna de esas boludeces por el estilo, tan solo proponemos un taller sobre Escritura política: con la alegría y la seriedad vital que la ocasión amerita.

1er. encuentro: De la escritura-Manifiesto a la escritura de lo que se manifiesta.
¿Qué es una escritura para el agite?
Escritura-manifiesto para hacer inagotable el acontecimiento; una escritura para provocarlo. Una escritura de ´lo manifiesto y del acontecimiento que fatalmente nos tomó.
Acontecimiento-Cromañón: del Nosotros generacional al Nosotros perceptivo y ´textual´ como conquista y invención.
Investigación delirante: exageración y sobrefabulación (un diálogo ´flashero´ y escrito con los pibes y las pibas).
¿Cómo pensar una escritura en raje? Alianza insólita y zona neutral en los espacios de trabajo con los pibes y las pibas. 
Bibliografía posible:
“Cromañón una década”. Por Atrevidos
“Servicio militar a cielo abierto”. ¿Quién lleva la gorra?
“Epílogo. Hacia una nueva adultez”. ¿Quién lleva la gorra?
J. F. Lyotard (extractos de Economía libidinal)

2do. encuentro Mapeo de afectos/ Escritura en alianza insólita.
Las alianzas insólitas cuando escriben: rechazo a las jerarquías, al ´extractivismo´ y a las fronteras sensibles.
La escritura como investigación vital (´la vida como laboratorio del que investiga´): el ´taller´ y el ´aula´ cosido libidinalmente a la cotidianidad ajustada, a la nocturnidad festiva o solitaria, a la vida mula, a lo doméstico y lo ´privado´, a los ´quilombos afectivos y materiales´ de la precariedad, etc. (las preguntas sobre las que se escribe son susurros permanentes que nunca nos dejarán en paz…)  
Bibliografía posible:
F. Delygny, extractos de Lo arácnido
“San Deligny”, epílogo a Semilla de crápula por Colectivo Juguetes Perdidos.
Nietzsche, Varios.

3er. encuentro ¿Cómo se escribe en la implosión? / Escribir en –y del- macrismo.
Investigación urgente. Una escritura ligada a las implosiones (el contra-plano de la escritura del raje. Un reverso que, sin negar ni opacar ese plano de fugas, nos muestra por intuición otra perspectiva, otra posición en la guerra civil actual. Un diagnóstico reiterado: el macrismo como estado de guerra contra modos de vida, disidencias, armamos más o menos consistentes, contra todas las fuerzas silvestres que recorren la sociedad Argentina…)
Escritura –y militancia- en la implosión. Escritura y soledad política. Escritura en la derrota y en la guerra… 
Bibliografía posible.
“Veneno paciente”, Colectivo Juguetes Perdidos
Materiales varios (notas coyuntura, crónicas).
Escrituras en curso

4to. encuentro Escritura e intensidad
Insistencias como modos de resistencias al régimen de obviedad macrista.
Escritura y disputa por la intensidad: las existencias menores que tenemos que escribir.
Escritura, insistencias y vitalismos oscuros y amorales.
Insistencias que capturen las vidas que sumariamente se dictaminan (a nivel mediático, teórico, académico, “militante”) como no-políticas.
La escritura como máquina de guerra: entre el terror anímico y social al desborde y la apuesta ético-política por el contagio y el derrame de intensidades.
Bibliografía posible.
J. F. Lyotard, fragmentos de Economía libidinal y Lecturas de infancia
D. Lapoujade, fragmentos de Los movimientos aberrantes y Las existencias menores
Materiales varios (notas coyuntura, crónicas).
Escrituras en curso
Militancias en el estallido y la implosión, por Colectivo Juguetes Perdidos. 

lunes, 29 de octubre de 2018

Veneno paciente (militancias del estallido y militancias en la implosión)


Nota publicada en Tiempo argentino (octubre de 2018)

Mientras gran parte de la energía militante se distribuye –y se ocupa– en las expectativas ligadas al estallido que “se viene”, en el calendario electoral del año próximo, en las reflexiones sobre “la crisis política” que se profundiza, en auscultar con asombro –y en algunos casos, profundo desconocimiento– las vidas populares que soportan la inflación “y no la pudren”; mientras se hacen mapas y se encargan diagnósticos apurados para saber “en qué andan los territorios” pensando en las interpelaciones partidarias, las implosiones sociales llegaron hace rato y no paran de crecer en intensidad y densidad. Barrios ajustados y ‘picantes’, pibes y pibas sub-20 con la SUBE en saldo negativo –o el tanque de la moto sin combustible–, el celular sin carga y sin dinero para la ropa o para la peluquería, laburantes con menos changa, más deudas y más tiempo muerto obligado pesando sobre el cuerpo… y aumenta la gaseosa, la cerveza y la leche –estos no son los noventa–, y aumentan las drogas y se hacen más esporádicas “las salidas” y los esparcimientos, y los comedores y las escuelas están rebalsadas y detonadas. Barrios ajustados, rejuntados y estresados en los cuales todas las implosiones que ‘antes’ acontecían dispersándose por diferentes zonas de la geografía urbana y suburbana ahora lo hacen en cada vez menos metros cuadrados: todo parece pudrirse cada vez más acá; y esto incluye disputas cuerpo a cuerpo, violencias en los interiores estallados, entre vecinos y vecinas, incluso cuerpo adentro (los órganos se ajustan y también implosionan: estómagos destrozados, adicciones y depresiones que sin redes económicas son pequeñas muertes: el macrismo además de arruinar formas de vida, es arruina vidas biológicas).
Todo se rompe y estalla hacia un adentro cada vez más espeso e insondable.  Implosiones –en muchos casos– huérfanas de imágenes Políticas y regaladas involuntariamente al gorrudismo ambiente, al securitismo, al realismo sórdido de la derecha y su eficiente gestión cotidiana de la intranquilidad y del terror anímico que la precariedad provoca y que, sumado al brutal terror económico conectan realismos vecinales y sociales que piensan en términos de defensa social, de guerras a escala barrial, de clausuras de las vidas puertas adentro (una imagen de este doble terror son las brutales aumentos en las tarifas de luz o gas que revientan las economías domésticas).

Muchos de los vectores sociales sobre los que se realizan pequeñas apuestas al estallido ya están ‘quemados’ vía implosión. ¿Cómo pensar y alimentar una militancia en la implosión? Hay un ojo militante acostumbrado a mirar únicamente lo que se muestra como ‘conflicto social’: la movilización callejera que enfrenta al Palacio, los cortes de calle y la toma de edificios, los enfrentamientos cuerpo a cuerpo con las fuerzas de seguridad, etc. Durante estos largos tres años de macrismo, la sociedad argentina mostró la buena salud de un históricamente robusto músculo militante; pero parece no ser suficiente si no se puede conectar y ampliar esa militancia del estallido social a la militancia de las implosiones: una militancia recargada que logre moverse en ambos planos y que vaya más allá de las escenas públicas masivas y evidentes; una militancia que no espere que lo que viene implosionando –barrios y vidas adentro– simplemente ‘estalle hacia fuera’ y en las coordenadas y mapas que el discurso político previamente le asignó. Hay que trabajar sobre y en esas implosiones; son imprevisibles, amorales, violentas, no-históricas… percibirlas y conectar con ellas requiere de un trabajo de verdadera artesanía política. Artesanía y militancia que sostenga la presencia y ‘los espacios’ en los interiores implosionados –no sólo hogares, familias o barrios, también grupos de amigos y amigas, espacios comunitarios de todo tipo, etc.–; una militancia que trabaje ‘del lado de adentro’ de los cierres, que piense en los bajones anímicos y en los momentos de repliegue solitario, que se mueva como pez en el agua entre las fuerzas silvestres que siempre parecen quedar más allá de la “organización política”. Militancia en la implosión es el armado de redes en medio de la precariedad, de apuestas por rejuntes que conjuren el terror anímico, espacios que vayan más allá del guetto de clones (la militancia no es una aplicación que funciona por algoritmos ni un programa de diseño que photoshopea y emprolija vidas…).

Para oponerse realmente al macrismo hay que salir de las falsas oposiciones: la calle o las elecciones, “lo micro o lo macro”, “la economía o la política”, “la paz social o el quilombo”, etc. Más que una separación inofensiva organizada por las “o” se trata de una apuesta por alargar y poner en serie las “y” en las cuales será inevitable encontrarnos y reforzarnos. Desde esas conjunciones –y evitando borrar la complejidad de los escenarios sociales– y ‘ensanchándose’ hay que pensar al macrismo: ajuste, inflación y precariedad totalitaria de fondo; FMI, recesión y endeudamiento a escala barrial y en las vidas implosionadas; protocolos para reprimir la protesta social y nuevas economías de la violencia barrial (que no son solo “potestad” de la policía); luz verde para la represión de las fuerzas de seguridad y engorramiento vecinal; despidos, verdugueo laboral y vida mula; terror económico y terror anímico; gendarmería, policía local y violencia entre banditas; organización Política y agite permanente; asambleas y reuniones Políticas a plena luz del sol y encuentros y agites en plena noche; investigaciones sobre las vidas de los otros e investigaciones sobre la propia vida. Si el macrismo ataca en todos los frentes es imposible pensarlo y “resistirlo” desde una única y conocida columna.

El macrismo pareciera ser la suma de los odios históricos de la derecha tradicional y de los ‘nuevos odios’ de la derechización existencial en la precariedad (desde los “cabecitas negras” hasta las mantenidas del plan). Una suma de todas las fuerzas Anti-Todo a las que sólo cabe oponerle un Aguante-Todo: sacrificio, disciplina y ascetismo, fiesta, agite y gedientismo; militantes de rostro serio y militantes de pura carcajada, cuerpos de pie y cuerpos acostados, vidas endeudadas y vidas sonadas, pibas a todo ritmo y doñas de vieja moral, economía popular, laburantes pillos y vagos inquietos. Que estén los ‘cuadros’ pero también las vidas heridas por el ajuste de guerra.
Una ‘militancia’ que convoque a todas las fuerzas silvestres que circulan sueltas por la sociedad gorruda. El rumor cada vez más audible de esas fuerzas caóticas no puede “aislarse”: para esas fuerzas no hay “antídoto” posible y eso el Palacio lo sabe. Sería deseable que también lo aprendamos nosotros; caso contrario, la recesión seguirá siendo también vital.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Ya esta en librerías


En el día de ayer nació la tercera criatura, por suerte salió todo bien; parimos un monstruito encantador...(ojalá nos salga tan manijita como los anteriores). 

sábado, 25 de noviembre de 2017

“El macrismo surfea sobre fuerzas e intensidades que ya habían tomado a la sociedad”*

*entrevista realizada para el medio la tinta

En su nuevo libro “La gorra coronada”, el colectivo Juguetes Perdidos plantea que el triunfo de la derecha es producto de distintas derrotas y hace foco en las disputas que se vienen viviendo en los barrios en el plano de los afectos. El engorramiento y el cerrarse en la propia vida como un modo de lidiar con la precariedad y la manera en que el gobierno actual logra avanzar con el ajuste al actuar sobre un fondo de terror anímico e intranquilidad son algunas de las ideas que traza el grupo, desde una investigación política que escapa a lenguajes y miradas tradicionales.

Por Lucía Maina para La tinta
Unas diez personas miran a cámara. Algunas muestran palos, armas. Otras llevan gestos duros, aires de empoderamiento. Hay quien sonríe, quien saluda con alegría. Hay mujeres, hombres, incluso una niña. La fotografía fue tomada en Córdoba durante los linchamientos que siguieron al acuartelamiento policial de diciembre de 2013, y es la imagen que lleva como portada el nuevo libro del colectivo Juguetes Perdidos “La gorra coronada. Diarios del macrismo”. Esa imagen, esos gestos, son la puerta de entrada a una serie de apuntes y análisis que este grupo de investigación política escribió para entender y rastrear con un nuevo lenguaje las sensibilidades de nuestra época, los cambios que sufrieron los barrios y las formas de vida en los últimos años y que permiten explicar, desde abajo, la llegada de la derecha y el macrismo al poder.

domingo, 8 de octubre de 2017

Semilla de Crápula



No tenemos muchos amigos “teóricos” pero cuando pegamos onda y pinta amistad somos re de bancar.
En este pequeño y lindo librito que sacaron los amigos de Tinta Limón y Cactus aportamos con San Deligny (o cuando la escritura viene con el tufo de la cosas...).
Ah, un plus para poner el billete es que viene con escrachos que hizo el loco (hermosa portada silvestre, “Nanana ieee uohuoh...sentado en la esquina vamo´ a leer a Deligny”)
"Deligny es un amigo francés. Un extraño y solitario amigo francés no afrancesado, de los que no buscan maneras elegantes y vacías para representar –y alejar– lo que únicamente hay que soportar con la presencia. Un aliado entonces para probar en los ásperos –pero siempre supurantes de vitalidad– territorios de frontera (así en el día del barrio como en la noche de la ciudad, en el aula como en el antro, en la salud como en la locura y la enfermedad...)"
Los escritos de Deligny huelen. Mientras se leen liberan el tufo de las cosas con las que se involucró y lidió...

viernes, 21 de julio de 2017

“Los afectos se han derechizado y se ha enfriado lo existencial”*

*Entrevista realizada para el medio la tinta

A partir de reflexiones sobre la vida y debates con pibes de distintos barrios de capital y el conurbano bonaerense, el Colectivo Juguetes Perdidos propone algunas claves para pensar el triunfo del macrismo y las políticas de derecha. “El plano de los hábitos, lo sensible y los afectos explican mucho más de la época que el plano ideológico”, dicen, y se preguntan cómo la precariedad y el terror atraviesan nuestros modos de vida.

Por Lucía Maina para La tinta
Un grupo de amigos. Un colectivo de investigación política. Una maquinita de escritura para molestar la vida e intervenir la realidad. Así definen Ignacio Gago, Leandro Barttolota y Gonzalo Sarrais Alier al colectivo Juguetes Perdidos, que lleva diez años compartiendo debates y reflexiones desde abajo, creando conceptos para pensar la sociedad y los modos de vida de nuestra época por fuera de los límites de la academia  y las miradas estereotipadas.

martes, 27 de junio de 2017

En el ojo de horacán*

*nota publicada en la Revista Crisis
Jorge y Mirta cobran la jubilación mínima y para mantenerse atienden además una pequeña verdulería ubicada en lo que en otra época fue el garage de una vivienda familiar. Hasta acá sus nombres y sus historias podrían ser carne para algún coach político duranbarbiano, pero la atmósfera densa y lúgubre del barrio no está para esos boludeos.
Son más de las seis y media de la tarde de un viernes caluroso y las calles están casi desiertas. “Acá llegan las siete de la tarde y no queda nadie”. Mientras su mujer atiende a una vecina, Jorge –mostrando intacto un viejo reflejo de clase– liga de modo imprevisto la inseguridad con el ajuste: “Yo no quiero hablar de política, pero con lo que está pasando en el país se encareció todo. Vos sabés que cuando sos un padre de familia y no tenés trabajo... ¿qué vas a hacer? La gente no tiene plata, acá lo ves, te entran a la verdulería y te compran una zanahoria, una papa”. Casi superponiéndose, Mirta relata excitada una hazaña de kung-fu que protagonizó una pareja de ancianos de acálavuelta, “se pelearon con los chorros y él le pegó un tiro a uno, creo”, y justifica a coro con Jorge que por-todo-lo-que-está-pasando fueron a la plaza del barrio esa noche, “a hacer presencia, a reclamar que hagan algo”.

sábado, 25 de marzo de 2017

¿Como nos va en estos días?


(Pequeño pogo desatado por Leandro Barttolotta, Ignacio Gago, Gonzalo Sarrais Alier, Andrés Fuentes, Analía Conca, Ezequiel Castro).

Volver de las grandes ranchadas es siempre insoportable. Y lo es porque el cuerpo de la resaca no se reconoce del todo –no puede hacerse cargo– de su versión desbordada y colectiva. En la vuelta convive el recuerdo de las intensidades desatadas con el impacto por el retorno a la sociabilidad cotidiana y la nostalgia por un mundo que ya empieza a ser pasado (aunque su sombra siga haciéndonos bailar).

martes, 11 de octubre de 2016

Apuntes sobre vida mula, derrotas y alianzas (La gorra coronada 4)

La gorra ajustada
Macri toca el bolsillo de la gente pero también su alma: gorruda y mula. Y acá –vale decirlo una vez más– no hablamos de categorías morales o moralizantes para impugnar las vidas populares (nada de gorilismo ni de racismo progre), nos referimos a modos de vida, a máquinas sociales... a tonalidades afectivas de la multitud mula. La Vida Mula no es una impugnación moral a un modo de valorizar la vida o una categoría sociológica para bardear desde una exterioridad gorila la relación de los “sectores populares” con el trabajo (o con el consumo, con la rutina, con la vida barrial, etc.). La Vida Mula es la Realidad; sin Vida Mula no hay sociedad. La Vida Mula es un modo de las relaciones sociales contemporáneas; el roce cotidiano con las cosas, con la pantalla del celular que dispara la alarma a las cinco de la mañana, con los otros cuerpos-laburantes que se aprietan en los viajes en bondis y trenes, con los laburos de día, con los quilombos familiares de noche, con las violencias difusas de tiros en la madrugada, con el ruido insoportable de los rejuntes barriales... Vida Mula es también sociabilidad laboral –y acá las imágenes van tomando cada vez más ambitos de la ciudad blanca...–, romances, curtidas y amistades laborales, after-office y fulbito semanal, cabezas quemadas, birras y fasitos en la plaza, grupitos de whatsapp, fines de semanas de escabios y drogas y días de semana de ibuprofenos y café, disposiciones anímicas para la obediencia y el muleo, profunda necesidad subjetiva de que en –y por– el trabajo pase gran parte del tiempo de vida y la sociabilización; el trabajo como excusa para postergar las filosas preguntas existenciales, el trabajo como excusa para olvidar el emprobrecimiento vital, el trabajo como excusa para reforzar la sujeción al endeudamiento, la familia, el hogar estallado e hiperpoblado o el depto en el barrio blanco...

viernes, 25 de marzo de 2016

La gorra coronada 3: Los Anti todo


Un gobierno de los trabajadores
Los Movimientos de Trabajadores Ocupados o la VidaMula pusieron un Presidente. “¿Por qué no reacciona el pueblo al ajuste?”, “¿por qué tanta pasividad?”, “¡el consumo para todos provocó este giro a la derecha de la sociedad!”... Interrogantes y enunciados que hablan más de un sistema de expectativas Políticas extemporáneo –y de un lenguaje deshabitado hace rato de cuerpos y deseos sociales– que de lo que realmente sucede; el pueblo lucha y está híper-movilizado, los nuevos barrios están mutando constantemente (nada más lejano a las imágenes de quietud), si todo no estaría híper-movilizado y en continuo desplazamiento y tensión no hubiera ganado Cambiemos. La Vida Mula implica beneficios con lucha permanente; lucha por sostener las vidas sobre la línea de flotación de la precariedad totalitaria; luchitas pequeñas de todos los meses, de todos los días, de cada mañana, de cada regreso al hogar estallado, luchitas que van cansando a los cuerpos, luchitas imperceptibles para cierto lenguaje político, pero luchitas que insumen cantidades inmensas de combustible psico-físico, luchitas por gestionar los rejuntes (en el barrio, en la familia, en el laburo), luchitas (muchas) con el engorrarse como actividad fundante para sostener ciertos umbrales de consumo y, sobre todo, de tranquilidad...

lunes, 21 de marzo de 2016

Tres preguntas al Colectivo Juguetes Perdidos...

(Entrevista realizada por la revista Nuevos Trapos, marzo de 2016)
http://www.nuevostrapos.com.ar/
NT: Hace tiempo que, a través de textos y entrevistas, vienen insistiendo en la necesidad de volver la mirada hacia los “modos de vida”. De hecho -señalaban hace poco- el escenario social frente al que nos encontramos hoy es el resultado de una “derrota vital antes que (macro)política”. Queríamos arrancar preguntándoles qué entienden por modos de vida y qué es lo que se abre cuando se piensa en esos términos.
Hablamos de una derrota existencial, o derrota vital, “antes” que macropolítica, o como condición para que ésta suceda. Falta de inyección vital, experimentaciones frustradas, cierres de las posibilidades al interior de cada vida… eran algunas señales que aparecieron los últimos años que hablaban de un enfriamiento vital, caldo de cultivo (junto a otras dinámicas) del actual escenario político y social. Empezar a pensar (y pararse ante lo que pasa) por este lado, nos saca de un plano puramente ideológico, de “toma de posiciones”, de posturas que cierran bien a un nivel discursivo o imaginario, o de principios, pero que poco entran en juego con la vida, con las maneras de vivir, con el hábito, con los afectos, con las alianzas vitales que vas tejiendo, con las disputas efectivas en las que estás metido (disputas no sólo a nivel material, económico, político, de relaciones de fuerza, sino también disputas a nivel de laintensidad, de las ganas, de cómo valorizás tu vida).

martes, 22 de diciembre de 2015

La Gorra coronada

 (Apuntes sobre el devenir voto de la vida mula II)



Gobierno de la tranquilidad

Se votó para extender los interiores estallados a toda la ciudad, se gritó masivamente; mi Vida es mi trabajo y mi familia (y mi umbral de consumo y mi gorra): un mundo privado que deviene país. Ese fue el devenir-voto de la Vida Mula. Esa visión de la vida, esos modos tristes de valorizarla diagraman un asfixiante mundo único para habitar que pugna por tomar “el espacio público” y fagocitarlo; el afuera queda clausurado (las otras posibilidades vitales a indagar). Asistimos a un cambio de época que se venía fabricando sensiblemente hace rato –los signos abundaban, sólo había que intentar leerlos–; el auge de un clima de sanidad y moderación de la vida privada (que es hoy más pública y política que nunca…). Desde las mirillas de la Vida Mula –tomados por ese continuo y desde esa percepción de refugiados- la calle se reduce a policías, metrobuses y un fastidioso tiempo muerto que se experimenta como insoportable demora para ir al trabajo o regresar al hogar. Un voto entonces para mejorar la calidad de la vida (Mula). Un voto para terminar de silenciar algún que otro ruido que viene del exterior (de la calle, de la plaza, del Palacio). Y ahora sí: la autopista despejada y silenciosa para transitar sin molestias por el circuito aceitado de la Vida Mula: la amarga utopía: la silenciosa, doméstica, molecular revolución conservadora de la alegría triste; esa que de forma subterránea se podía percibir en su lenta pero constante expansión durante toda la década ganada (claro, si se la rastreaba a contrapelo…).

martes, 27 de octubre de 2015

Apuntes rápidos sobre el voto mulo

.
Muchos barrios y vidas populares se blanquearon durante la década ganada. Se viene un gobierno de blancos, sí. Pero ese gobierno se incubo desde abajo, se fabricó sensiblemente hace rato en lo profundo de los nuevos barrios: las elecciones del domingo visibilizaron a nivel político la vida mula, expresaron en la superficie pública el contrato existencial que millones de laburantes y vecinos no están dispuestos a romper: consumo + muleo + engorramiento. Eso es lo que querían Juan, Pedro y María: habitantes del centro de una ciudad blanca, laburantes del fondo de un barrio precario, lo mismo da: votantes emergentes de una reorganización de la vida barrial, urbana y social, votantes que exponen obscenamente un modo de valorizar la vida, votantes que padecen el terror anímico y la intranquilidad permanente, y que están dispuestos a lo que sea para sostener el precario (o no) orden propietario que supieron conseguir. 

martes, 20 de octubre de 2015

Agitarla y pudrirla: o acerca de los modos de “des-agilar” la vida adulta

Sobre el libro ¿Quién lleva la gorra?

Mariano Pacheco

Se trata quizás de escuchar el murmullo cada vez más audible del agite de los silvestre
Colectivo Juguetes Perdidos

En un lenguaje más clásico diríamos que ¿Quién lleva la gorra? Violencia. Nuevos barrios. Pibes silvestres, de Leandro Barttolota, Ignacio Gago y Gonzalo Sarrais Alier, es un libro necesario. Nos limitaremos solamente a sostener que, si bien el texto funciona bien como un “instrumento de combate”, interpela sobre todo porque logra salirse del lugar común de intentar realizar un aporte desde la típica posición de explicar y satisfacer nuestras conciencias bien pensantes. En otras palabras, podríamos afirmar: “Nosotros, los progresistas… ¡Abstenerse!”.