sábado, 2 de diciembre de 2017

Ya esta en librerías


En el día de ayer nació la tercera criatura, por suerte salió todo bien; parimos un monstruito encantador...(ojalá nos salga tan manijita como los anteriores). 

sábado, 25 de noviembre de 2017

“El macrismo surfea sobre fuerzas e intensidades que ya habían tomado a la sociedad”*

*entrevista realizada para el medio la tinta

En su nuevo libro “La gorra coronada”, el colectivo Juguetes Perdidos plantea que el triunfo de la derecha es producto de distintas derrotas y hace foco en las disputas que se vienen viviendo en los barrios en el plano de los afectos. El engorramiento y el cerrarse en la propia vida como un modo de lidiar con la precariedad y la manera en que el gobierno actual logra avanzar con el ajuste al actuar sobre un fondo de terror anímico e intranquilidad son algunas de las ideas que traza el grupo, desde una investigación política que escapa a lenguajes y miradas tradicionales.

Por Lucía Maina para La tinta
Unas diez personas miran a cámara. Algunas muestran palos, armas. Otras llevan gestos duros, aires de empoderamiento. Hay quien sonríe, quien saluda con alegría. Hay mujeres, hombres, incluso una niña. La fotografía fue tomada en Córdoba durante los linchamientos que siguieron al acuartelamiento policial de diciembre de 2013, y es la imagen que lleva como portada el nuevo libro del colectivo Juguetes Perdidos “La gorra coronada. Diarios del macrismo”. Esa imagen, esos gestos, son la puerta de entrada a una serie de apuntes y análisis que este grupo de investigación política escribió para entender y rastrear con un nuevo lenguaje las sensibilidades de nuestra época, los cambios que sufrieron los barrios y las formas de vida en los últimos años y que permiten explicar, desde abajo, la llegada de la derecha y el macrismo al poder.

domingo, 8 de octubre de 2017

Semilla de Crápula



No tenemos muchos amigos “teóricos” pero cuando pegamos onda y pinta amistad somos re de bancar.
En este pequeño y lindo librito que sacaron los amigos de Tinta Limón y Cactus aportamos con San Deligny (o cuando la escritura viene con el tufo de la cosas...).
Ah, un plus para poner el billete es que viene con escrachos que hizo el loco (hermosa portada silvestre, “Nanana ieee uohuoh...sentado en la esquina vamo´ a leer a Deligny”)
"Deligny es un amigo francés. Un extraño y solitario amigo francés no afrancesado, de los que no buscan maneras elegantes y vacías para representar –y alejar– lo que únicamente hay que soportar con la presencia. Un aliado entonces para probar en los ásperos –pero siempre supurantes de vitalidad– territorios de frontera (así en el día del barrio como en la noche de la ciudad, en el aula como en el antro, en la salud como en la locura y la enfermedad...)"
Los escritos de Deligny huelen. Mientras se leen liberan el tufo de las cosas con las que se involucró y lidió...

viernes, 21 de julio de 2017

“Los afectos se han derechizado y se ha enfriado lo existencial”*

*Entrevista realizada para el medio la tinta

A partir de reflexiones sobre la vida y debates con pibes de distintos barrios de capital y el conurbano bonaerense, el Colectivo Juguetes Perdidos propone algunas claves para pensar el triunfo del macrismo y las políticas de derecha. “El plano de los hábitos, lo sensible y los afectos explican mucho más de la época que el plano ideológico”, dicen, y se preguntan cómo la precariedad y el terror atraviesan nuestros modos de vida.

Por Lucía Maina para La tinta
Un grupo de amigos. Un colectivo de investigación política. Una maquinita de escritura para molestar la vida e intervenir la realidad. Así definen Ignacio Gago, Leandro Barttolota y Gonzalo Sarrais Alier al colectivo Juguetes Perdidos, que lleva diez años compartiendo debates y reflexiones desde abajo, creando conceptos para pensar la sociedad y los modos de vida de nuestra época por fuera de los límites de la academia  y las miradas estereotipadas.

martes, 27 de junio de 2017

En el ojo de horacán*

*nota publicada en la Revista Crisis
Jorge y Mirta cobran la jubilación mínima y para mantenerse atienden además una pequeña verdulería ubicada en lo que en otra época fue el garage de una vivienda familiar. Hasta acá sus nombres y sus historias podrían ser carne para algún coach político duranbarbiano, pero la atmósfera densa y lúgubre del barrio no está para esos boludeos.
Son más de las seis y media de la tarde de un viernes caluroso y las calles están casi desiertas. “Acá llegan las siete de la tarde y no queda nadie”. Mientras su mujer atiende a una vecina, Jorge –mostrando intacto un viejo reflejo de clase– liga de modo imprevisto la inseguridad con el ajuste: “Yo no quiero hablar de política, pero con lo que está pasando en el país se encareció todo. Vos sabés que cuando sos un padre de familia y no tenés trabajo... ¿qué vas a hacer? La gente no tiene plata, acá lo ves, te entran a la verdulería y te compran una zanahoria, una papa”. Casi superponiéndose, Mirta relata excitada una hazaña de kung-fu que protagonizó una pareja de ancianos de acálavuelta, “se pelearon con los chorros y él le pegó un tiro a uno, creo”, y justifica a coro con Jorge que por-todo-lo-que-está-pasando fueron a la plaza del barrio esa noche, “a hacer presencia, a reclamar que hagan algo”.

sábado, 25 de marzo de 2017

¿Como nos va en estos días?


(Pequeño pogo desatado por Leandro Barttolotta, Ignacio Gago, Gonzalo Sarrais Alier, Andrés Fuentes, Analía Conca, Ezequiel Castro).

Volver de las grandes ranchadas es siempre insoportable. Y lo es porque el cuerpo de la resaca no se reconoce del todo –no puede hacerse cargo– de su versión desbordada y colectiva. En la vuelta convive el recuerdo de las intensidades desatadas con el impacto por el retorno a la sociabilidad cotidiana y la nostalgia por un mundo que ya empieza a ser pasado (aunque su sombra siga haciéndonos bailar).

martes, 11 de octubre de 2016

Apuntes sobre vida mula, derrotas y alianzas (La gorra coronada 4)

La gorra ajustada
Macri toca el bolsillo de la gente pero también su alma: gorruda y mula. Y acá –vale decirlo una vez más– no hablamos de categorías morales o moralizantes para impugnar las vidas populares (nada de gorilismo ni de racismo progre), nos referimos a modos de vida, a máquinas sociales... a tonalidades afectivas de la multitud mula. La Vida Mula no es una impugnación moral a un modo de valorizar la vida o una categoría sociológica para bardear desde una exterioridad gorila la relación de los “sectores populares” con el trabajo (o con el consumo, con la rutina, con la vida barrial, etc.). La Vida Mula es la Realidad; sin Vida Mula no hay sociedad. La Vida Mula es un modo de las relaciones sociales contemporáneas; el roce cotidiano con las cosas, con la pantalla del celular que dispara la alarma a las cinco de la mañana, con los otros cuerpos-laburantes que se aprietan en los viajes en bondis y trenes, con los laburos de día, con los quilombos familiares de noche, con las violencias difusas de tiros en la madrugada, con el ruido insoportable de los rejuntes barriales... Vida Mula es también sociabilidad laboral –y acá las imágenes van tomando cada vez más ambitos de la ciudad blanca...–, romances, curtidas y amistades laborales, after-office y fulbito semanal, cabezas quemadas, birras y fasitos en la plaza, grupitos de whatsapp, fines de semanas de escabios y drogas y días de semana de ibuprofenos y café, disposiciones anímicas para la obediencia y el muleo, profunda necesidad subjetiva de que en –y por– el trabajo pase gran parte del tiempo de vida y la sociabilización; el trabajo como excusa para postergar las filosas preguntas existenciales, el trabajo como excusa para olvidar el emprobrecimiento vital, el trabajo como excusa para reforzar la sujeción al endeudamiento, la familia, el hogar estallado e hiperpoblado o el depto en el barrio blanco...

viernes, 25 de marzo de 2016

La gorra coronada 3: Los Anti todo


Un gobierno de los trabajadores
Los Movimientos de Trabajadores Ocupados o la VidaMula pusieron un Presidente. “¿Por qué no reacciona el pueblo al ajuste?”, “¿por qué tanta pasividad?”, “¡el consumo para todos provocó este giro a la derecha de la sociedad!”... Interrogantes y enunciados que hablan más de un sistema de expectativas Políticas extemporáneo –y de un lenguaje deshabitado hace rato de cuerpos y deseos sociales– que de lo que realmente sucede; el pueblo lucha y está híper-movilizado, los nuevos barrios están mutando constantemente (nada más lejano a las imágenes de quietud), si todo no estaría híper-movilizado y en continuo desplazamiento y tensión no hubiera ganado Cambiemos. La Vida Mula implica beneficios con lucha permanente; lucha por sostener las vidas sobre la línea de flotación de la precariedad totalitaria; luchitas pequeñas de todos los meses, de todos los días, de cada mañana, de cada regreso al hogar estallado, luchitas que van cansando a los cuerpos, luchitas imperceptibles para cierto lenguaje político, pero luchitas que insumen cantidades inmensas de combustible psico-físico, luchitas por gestionar los rejuntes (en el barrio, en la familia, en el laburo), luchitas (muchas) con el engorrarse como actividad fundante para sostener ciertos umbrales de consumo y, sobre todo, de tranquilidad...

lunes, 21 de marzo de 2016

Tres preguntas al Colectivo Juguetes Perdidos...

(Entrevista realizada por la revista Nuevos Trapos, marzo de 2016)
http://www.nuevostrapos.com.ar/
NT: Hace tiempo que, a través de textos y entrevistas, vienen insistiendo en la necesidad de volver la mirada hacia los “modos de vida”. De hecho -señalaban hace poco- el escenario social frente al que nos encontramos hoy es el resultado de una “derrota vital antes que (macro)política”. Queríamos arrancar preguntándoles qué entienden por modos de vida y qué es lo que se abre cuando se piensa en esos términos.
Hablamos de una derrota existencial, o derrota vital, “antes” que macropolítica, o como condición para que ésta suceda. Falta de inyección vital, experimentaciones frustradas, cierres de las posibilidades al interior de cada vida… eran algunas señales que aparecieron los últimos años que hablaban de un enfriamiento vital, caldo de cultivo (junto a otras dinámicas) del actual escenario político y social. Empezar a pensar (y pararse ante lo que pasa) por este lado, nos saca de un plano puramente ideológico, de “toma de posiciones”, de posturas que cierran bien a un nivel discursivo o imaginario, o de principios, pero que poco entran en juego con la vida, con las maneras de vivir, con el hábito, con los afectos, con las alianzas vitales que vas tejiendo, con las disputas efectivas en las que estás metido (disputas no sólo a nivel material, económico, político, de relaciones de fuerza, sino también disputas a nivel de laintensidad, de las ganas, de cómo valorizás tu vida).

martes, 22 de diciembre de 2015

La Gorra coronada

 (Apuntes sobre el devenir voto de la vida mula II)



Gobierno de la tranquilidad

Se votó para extender los interiores estallados a toda la ciudad, se gritó masivamente; mi Vida es mi trabajo y mi familia (y mi umbral de consumo y mi gorra): un mundo privado que deviene país. Ese fue el devenir-voto de la Vida Mula. Esa visión de la vida, esos modos tristes de valorizarla diagraman un asfixiante mundo único para habitar que pugna por tomar “el espacio público” y fagocitarlo; el afuera queda clausurado (las otras posibilidades vitales a indagar). Asistimos a un cambio de época que se venía fabricando sensiblemente hace rato –los signos abundaban, sólo había que intentar leerlos–; el auge de un clima de sanidad y moderación de la vida privada (que es hoy más pública y política que nunca…). Desde las mirillas de la Vida Mula –tomados por ese continuo y desde esa percepción de refugiados- la calle se reduce a policías, metrobuses y un fastidioso tiempo muerto que se experimenta como insoportable demora para ir al trabajo o regresar al hogar. Un voto entonces para mejorar la calidad de la vida (Mula). Un voto para terminar de silenciar algún que otro ruido que viene del exterior (de la calle, de la plaza, del Palacio). Y ahora sí: la autopista despejada y silenciosa para transitar sin molestias por el circuito aceitado de la Vida Mula: la amarga utopía: la silenciosa, doméstica, molecular revolución conservadora de la alegría triste; esa que de forma subterránea se podía percibir en su lenta pero constante expansión durante toda la década ganada (claro, si se la rastreaba a contrapelo…).

martes, 27 de octubre de 2015

Apuntes rápidos sobre el voto mulo

.
Muchos barrios y vidas populares se blanquearon durante la década ganada. Se viene un gobierno de blancos, sí. Pero ese gobierno se incubo desde abajo, se fabricó sensiblemente hace rato en lo profundo de los nuevos barrios: las elecciones del domingo visibilizaron a nivel político la vida mula, expresaron en la superficie pública el contrato existencial que millones de laburantes y vecinos no están dispuestos a romper: consumo + muleo + engorramiento. Eso es lo que querían Juan, Pedro y María: habitantes del centro de una ciudad blanca, laburantes del fondo de un barrio precario, lo mismo da: votantes emergentes de una reorganización de la vida barrial, urbana y social, votantes que exponen obscenamente un modo de valorizar la vida, votantes que padecen el terror anímico y la intranquilidad permanente, y que están dispuestos a lo que sea para sostener el precario (o no) orden propietario que supieron conseguir. 

martes, 20 de octubre de 2015

Agitarla y pudrirla: o acerca de los modos de “des-agilar” la vida adulta

Sobre el libro ¿Quién lleva la gorra?

Mariano Pacheco

Se trata quizás de escuchar el murmullo cada vez más audible del agite de los silvestre
Colectivo Juguetes Perdidos

En un lenguaje más clásico diríamos que ¿Quién lleva la gorra? Violencia. Nuevos barrios. Pibes silvestres, de Leandro Barttolota, Ignacio Gago y Gonzalo Sarrais Alier, es un libro necesario. Nos limitaremos solamente a sostener que, si bien el texto funciona bien como un “instrumento de combate”, interpela sobre todo porque logra salirse del lugar común de intentar realizar un aporte desde la típica posición de explicar y satisfacer nuestras conciencias bien pensantes. En otras palabras, podríamos afirmar: “Nosotros, los progresistas… ¡Abstenerse!”.