martes, 7 de diciembre de 2010

El tesoro que no ves...

De agites, precariedades y nostalgias...


[El acontecimiento.]


Muere Kirchner y la plaza y las calles del centro se llenaron de gente. Se repitió ya mil veces: esa multitud rebalsaba de pibas y pibes.


¿Por qué fuimos tantos a estar ahí en la calle y en la Plaza, nada más ni nada menos que a estar, poner el cuerpo, “hacer el aguante”… (a quién, a qué, por qué…)? Hablamos de pibes y pibas, para decirlo rápido, de una presencia “generacional” en esas jornadas… imposible no dar una discusión sobre esa presencia, y sobre la lectura de esa presencia ahí… incluso sobre el “fuerza Cristina” como grito de esos días. Discusiones que nos llevan a aquellas centrales: qué es la política, por dónde pasa la politicidad hoy, qué protagonismos se juegan hoy en el espacio público, cómo se está en la calle, cómo se está con otros…


Las preguntas se agolpan; ¿de qué está hecha esa presencia? ¿cómo es que se llenó de pibes la plaza si las principales “problemáticas” generacionales, jóvenes, si los principales problemas y preguntas que nos afectan (la precarización, la criminalización, el racismo, el gatillo fácil, la falta o los problemas de laburo, y muchos etcéteras) han quedado la mayoría de las veces al margen de aquello que la “gobernabilidad kirchnerista” ha tomado como interlocución (léase reconocimiento, tratamiento, lectura, atención…)?





[Al revés….]


¿Es posible dar vuelta la mirada, y no quedarnos en los aspectos en que nos interpelaba el kchnerismo (aquello que el kirchnerismo tiene para ofrecer, los apoyos que suscita, las defensas que amerita, etc.) sino mostrar lo que nosotros fuimos a ofrecer aquellos días en la Plaza? ¿Puede ese cambio de eje abrir el juego, poner sobre la mesa nuevas imágenes, otras preguntas…? Algo se abrió en la escena política con la presencia en la calle de montones de gentes, pibes, y dinámicas que eran el "fuera de cuadro" del kirchnerismo más institucional o de la politización más encuadrada (en andamiajes políticos, institucionales o mediáticos –desde 678, las posturas progresistas, organizaciones k, etc-). Esta apertura y salida a la calle, con mucho de salir a ver qué pasa, a bancar los trapos, a plantarse ante la incertidumbre, no cabió en los encuadres habituales, ni era transmitible en los videograpfs… Lecturas erróneas de esa presencia hecha por la borda prácticas y maneras de “estar”, de habitar la época que cargan con su propia politicidad.


Algo paso entre nosotros, la imagen del fuera de foco, la multitud en las calles... Lo que era una editorial final “final de juego”, con la imagen de un tipo solo pegando un cartel en las rejas de la rosada, devino cuerpos y calles. Esto es lo que vimos como desborde. Cuerpos que rebalsaron los moldes del kircherismo institucional. Sobre esta situación (si la consideramos verdadera situación) de indeterminación de lo social, y de apertura de la “escena política” emergen miles de preguntas e interrogantes potentes para hacer. Pero para “respetar” al acontecimiento creo que tenemos que ser prudentes en la forma en que nos acercamos a él. Por un lado está el peligro de que quieran codificar lo sucedido en clave “militancia K” (la vuelta de La política, y todos esos enunciados sumamente reactivos), pero también estemos atentos a otro tipo de codificación; la de los aparatos conceptuales (y no políticos).


[…Está el agite]


¿Con que elementos cuenta nuestro agite que llevamos a la plaza? Primero sabemos que el agite es un saber que carga con su propia politicidad. Funciona agitando, desplazando todo a su alrededor. Y esta movida no cuenta con un centro, ni con una direccionalidad. No es un golpe cuyo destino es preciso, ni un movimiento que tiene los pasos estructurados. No puede haber movimientos que se sostengan en el agite. El agite es resultado de la fusión del encuentro de múltiples cuerpos revoltosos. Responde a lo imprevisto y espontáneo, por eso puede armarse en cualquier lugar y en cualquier momento. Ir a agitarla, es ir a desbordar todo tipo de gobernabilidad.


La singularidad del agite de los días posteriores a la muerte de Kirchner es que quedó cara a cara con la gobernabilidad estatal (y en ese cara a cara puede pasar algo… o no pasar nada…)


Lo cierto es que el agite no puede ser clausurado en una gobernabilidad, la desborda. El agite como un modo de ocupar el espacio público desborda los contornos estatales. ¿Podemos pensar al agite como un tipo de gobernabilidad que tenemos y podemos poner a funcionar? ¿Cómo se relaciona con otras gobernabilidades (de estado, de mercado, de seguridad)? El agite al mover lo dado siempre da lugar a una invocación. ¿Cómo crear un nuevo escenario con el desborde de aquellas jornadas? Y sabiendo que el agite responde a lo espontáneo, imprevisto y ambiguo… ¿Cómo armar una movida con el agite de hoy?

[La precariedad]



Pero nos preguntamos una y otra vez: ¿de qué está hecha nuestra época? ¿Qué lógicas y modos de funcionamiento la encienden? Una manera de empezar a responder estas preguntas puede ser distinguir tres tipos de precariedad que nos atraviesan; una la del desfondamiento; otra la de la vida como empresa; y la tercera, la de formas y maneras de ensayar nuevas experiencias entre nosotros.


La primera –la del desfondamiento- es la que caracterizamos desde las imágenes de laburar en escuelas y que los pibes no puedan estar sentados, que permanezcan dentro del aula, le importen tres carajos las pruebas; de familias hechas pelota, padres inexistentes, madres súper jóvenes, hijos que se van temprano de la casa… Así podríamos seguir. Como si el arquetipo social de lo que “debería ser”, estaría deshilachado… Las figuras de padre, madre, hijo, maestra, alumno, trabajador, se derriten, e implosionan las instituciones que las albergan (escuela, familia, trabajo). En este contexto, también hay que decir que rechinan los mecanismos de fugas y resistencia, al cambiar la pantalla de juego y erosionarse la escenografía ya diseñada. Es imposible negar los malestares que produce esta crisis, el agrietamiento de las figuras de los escenarios y personajes ya conocidos, pero que quede bien claro que no buscamos restituir nada de todo eso.


La segunda es aquella que podemos llamar la vida como empresa. Imperativo activo de época, es la autogestión de la vida, de que cada uno viva para sí, el espectáculo del yo y la gestión de cada uno de nosotros como marca. Sea acumular credenciales para mejorar la situación laboral y generar más guita y andar chapeando; preocuparse por comer con pocas calorías, ser obediente y hacerle caso a la balanza, y nunca faltar al gimnasio… Hecha de conexiones y desconexiones, interferencias y colisiones permanentes, el otro, en tanto no sea un medio para el yo-empresa, es un potencial peligro u obstáculo, o fuente de placer momentáneo y efímero.

Estos dos planos nos provocan afecciones, nuestros cuerpos no interiorizan pasivamente su lógica y devenir. De los múltiples cortocircuitos, la misma época nos propone curas para las heridas que se abren en nosotros; sea desde la criminalización, como los enfervorizados reclamos de seguridad y encierro de los cuerpos “intratables” que no encuentran su lugar en el desfondamiento, o de la medicalización o el entretenimiento tinellizado, para las depresiones y ansiedades posmodernas.


La tercera es la de afirmarnos frente a las afecciones que nos provoca esta vida autogestiva o desarticulada. Como toda experimentación, también es precaria y frágil; es más, muchas veces no puede expresarse en acciones nítidas y consistentes; pero portan una inquietud. Hay algo que hace ruido y nos hormiguea por el cuerpo, y está deseoso de hallar cauce y poder plasmarse; podemos decir que quiere, pero aun no puede. De ahí que cuando toman consistencia y se hacen continente, porten una enorme ambigüedad. Pensemos en los estallidos de bronca y violencia; desde puebladas tras la represión y el gatillo fácil, hasta los linchamientos barriales o el enfrentamiento con patovicas o poli por la noche. Pensemos un ejemplo concreto, como cuando los trenes con los que viajamos todos los días no andan; desde la frustración cotidiana, la bronca acumulada, irrumpe una afirmación bárbara, de potencia innegablemente positiva y reivindicable, pero también nos preguntamos; ¿pasa el espasmo y qué? La situación mejora un tiempo, se ponen unos vagones, andan mas afilados con los horarios, pero ¿después qué? ¿Cómo vamos dando forma a un reclamo, a una plantada política de otra manera? El problema de estas imágenes es por un lado no hacernos estas preguntas, pero el otro problema, quizá más preocupante, es negar su complejidad, ambigüedad, y darle un cierre rápido, recurrir al catálogo de politicidades preexistentes, y cortarle el mambo a cualquier vestigio de creatividad.

[Rostros]


Un rostro es la expresión de una singularidad (única e irrepetible. Habla de un espacio y de un tiempo irrepetible. De un aquí y ahora). Si hay rostros en series entonces se diluyen las biografías personales y las identidades sociales. Ya no habría rostros sino mascaras. Pero también un rostro es una superficie en la que podemos leer –como en un mapa- las afecciones sociales de un cuerpo. Por esto el rostro es algo vital e irreductible a cualquier traspolación. Cuando miramos un rostro estamos frente a un instante de puro reconocimiento vital y primario. En nuestro caso, seguramente nuestros rostros llevan las marcas y los tatuajes de una época, con sus dolores y sus alegrías, con sus tristezas y sus potencias. Ni mejor, ni peor que otra; diferente. Si en nuestros rostros se proyectan imágenes de militantes de otras épocas estamos frente a un problema. Corre peligro el mínimo gesto de reconocimiento de una vida y sus afecciones. La distorsión de no ver las afecciones y los padecimientos en los rostros reales de los pibes actuales y ver otra cosa, ver cuerpos que continuaran épicas históricas interrumpidas. Esta es una de las características de la nostalgia política; relinkear vidas-pibes a imperativos históricos anacrónicos. Pero también hay otras cuestiones...








[Vinagres de nostalgia]


Otra de las formas en que se traduce la nostalgia política es cuando se intenta reponer el mundo adulto (con sus ritos de pasaje a la mayoría de edad, con la reposición de la ley del Otro, con la idea de la transmisión generacional, y de la necesidad de organizar u ordenar a la juventud). Aquí emerge otro problema, en esta revalorización de una experiencia pasada que sirve para explicar el presente (y por lo tanto debe ser transmitida y enseñada) se considera los problemas de los jóvenes, pero se los lee como subsidiarios de los conflictos del mundo adulto-real. En pocas palabras; las vidas de los jóvenes pueden esperar.


En este discurso compasivo-paternalista (diferente del discurso criminalizador para con los pibes) aparece la figura de la juventud. Si bien creemos que esta figura esta desfondada, los dispositivos políticos-militantes que la invocan la hacen funcionar de manera inercial. Acaso convocando a un fantasma.

[La política y las vidas que importan]


Pero esta figura junto a la del militante sirven para ordenar un discurso Político (Si, el de la Política con mayúsculas.) Uno de los logros de la “vuelta de la Política” ha sido institucionalizar el mandato social pos 2001-2002 de no represión a los militantes políticos (y por ende, la no represión de las protestas en el espacio público). Obviamente bancamos este axioma, requiere ser bancado a full, y requiere ser extendido a otras formas de represión y asesinato a militantes políticos –como el caso de Mariano Ferreira-.


Pero nos da vueltas una pregunta ¿las miras y los gatillos que se disparan en la actualidad apuntan únicamente a los militantes de la Política? Surge el interrogante que nos hemos realizado en varias oportunidades… ¿Cuáles son las vidas que importan en nuestra sociedad? ¿Por qué se condena una forma de represión en el espacio público pero se habilita otra? ¿Por qué no se debería reprimir la protesta social pero sí, por ejemplo, la fiesta de los pibes, ciertos modos de estar en la calle, ciertas formas de vida…? Traemos estas preguntas para evidenciar el desfasaje; el hecho de que no se reprima a los militantes políticos (o que en el caso de que se den estas acciones, que los hay, haya un audible repudio social e institucional) no quiere decir que en la actualidad no se interrumpan vidas. Hay muchas vidas de pibes y pibas que permanentemente están siendo criminalizadas (y en algunos casos aniquiladas). Muchas muertes se han desplazado del terreno de la Política hacia un nivel ¿sub-político? Un nivel clandestino, oscuro, nocturno y periférico. Esas vidas que no alcanzan el umbral de la visibilidad pública (porque no son vidas Políticas) caen por fuera de la red de discursos de los dispositivos militantes. Aquí se muestra al desnudo lo incompleto del discurso de la vuelta de La política. Incompleto porque el proceso instituyente de vidas dignas de vivir no incluye a muchos pibes y pibas. Si se lee lo social desde la visión de muerte/terror y política se codifica una memoria institucional, pero se pierden en la bruma las muertes no-políticas (pero que sin embargo portan una politicidad desbaratadora). En muchas ocasiones la nostalgia política habla de la suerte de los jóvenes de hoy en día de no ser víctimas de la represión estatal… Pero qué pasa cuando los riesgos y las muertes de las vidas-jóvenes actuales han proliferado del nivel de la Política y se suceden en campos heterogéneos, en la calle, en la puerta de un boliche (con la golpiza de un patova), en un recital viendo a una banda de rock, en una esquina fisurado…


[Política, juventud, politicidad]


Hay algo que es claro: la visibilización de estas situaciones de criminalización y excepción es imposible desde los dispositivos militantes nostálgicos. Y aquí va otra cuestión central: se vea o no, los jóvenes no son solo –o pueden llegar a serlo- protagonistas o actores relevantes de la época por su participación en alguna organización política o por su militancia… también lo son porque sobre sus cuerpos descansan las estructuras políticas y económicas de la actualidad (mas precisamente las de la precariedad).


Creemos que este no-registro sensible de los devenires de las vidas de los pibes y pibas actuales se da en gran medida por que esta Política con mayúscula circula en el nivel de la representación y en el plano de la conciencia. Y el problema es que La Política cuando se mueve en este plano es precisamente eso: Política, y no intento de experimentar con la propia vida sensible, nerviosa, muscular…. Política y no politicidad. Estos dispositivos funcionan con un lenguaje que es el de un sistema de códigos políticos prefabricados. La traducción al nivel de la representación política (la juventud organizada) de experiencias propias del umbral de lo sensible hace que se exprese una sentencia del tipo “en los confines de tu vida-pibe, empieza la militancia”. ¿Cuánto se satura o se amputa el pibe o la piba para ingresar en esa representación de juventud-politizada? ¿Cuánto tiene que dejar afuera para caber en el estereotipo? Y aquí surge otro problema, estos dispositivos militantes en cambio de manejar un registro sensible de la realidad, manejan un registro pedagógico; la pedagogía de la política setentista. Una dinámica política extemporánea y nostálgica linkea cualquier situación más o menos compleja a la lógica política setentista. De esta forma no ingresa ninguna problemática nueva ni desestabilizadora. (¿Cómo puede leer un idioma político modelo 70 a Cromañon, al gatillo fácil, a la trata de pibas, a los suicidios juveniles, a la precariedad laboral o la depresión?)

[Nostalgia y presente]


La nostalgia lee cada nueva situación o acontecimiento como reaparición o repetición, pero nunca como diferencia. Así se clausuran las posibilidades vitales que están plegadas en cada acontecimiento. Se reemplaza lo por-venir por lo ya-vivido. Se conectan flujos sociales y sensibilidades potentes con lenguajes y artefactos políticos color sepia. La imagen es que estamos viendo un film que lo subtitulan y lo traducen a otro lenguaje y a otros códigos que no son compatibles con los de nuestra vida.



Antes de terminar volvamos al comienzo; como dijimos, en los días del duelo público por la muerte de Néstor las calles y la plaza mostraron un derrame enorme de cuerpos de pibes y pibas que se vieron arrojados al espacio público. Una presencia que no puede ser puesta a presión en los continentes políticos existentes. Ahora bien, en el caso de que esto suceda –ingresar en los continentes políticos existentes- tendrán que hacerlo ingresando su propia vida como problema: sus malestares laborales o amorosos, los problemas que aparecen cuando van a bailar o cuando van a ver una banda, o cuando están en una esquina o cuando recorren la ciudad, o cuando cogen con su chica o su chico, o cuando quedan embarazadas o van a ser padres o cuando no se pueden proyectar o cuando los corre la policía a los tiros en algún barrio o cuando se sienten incómodos porque las pantallas de TV los muestran bardeando o consumiendo o como trolas o cuando los forrean en un laburo (muleándolos, engomándolos para laburar un fin de semana o un feriado o pagándoles una mierda o con un contrato trucho) o cuando algún vecino o algún familiar los mira con cara de orto por estar con un escabio o un faso en la mano o cuando se sienten incómodos porque sus amigos o amigas están en cualquiera o cuando los asalta la depresión o el aburrimiento o cuando no sepan que van a hacer mañana con sus vidas laborales, amorosas, sociales o familiares o cuando les rompa las pelotas la forma de vida individual y autogestiva… En fin, si deciden ingresar a un dispositivo político con el que se identifican (eso es valorable y reconocemos los logros del K en ese plano) tienen que saber también que su vida no puede quedar afuera de ese dispositivo. Podríamos decir que tienen una responsabilidad generacional… Es bancable la militancia en La política, pero tienen que tener presentes que no se puede ser indiferentes a las afecciones de lxs amigos, compañerxs de laburo, o parejas o pibes y pibas con los que estudian o salen un fin de semana… Si no se deshace esa línea que separa vida y política se corre el riesgo de devenir funcionario o mero gestionador. Y por más valorable que sea a nivel moral el sacrificio “militante”, siempre que no está la vida misma en juego como pregunta se corre el riesgo de guardarse algo para sí. Algo que no puede ser leído por la organización o por La Política. Si pasa eso la política deviene mezquindad. Creemos en todo lo contrario: la apuesta es no regatear… Poner toda la carne al asador, no guardarse nada en los bolsillos.


La política debe movilizar músculos, pieles, nervios y pulsiones no solo enunciados. En todo caso, cuando los enunciados vienen prensados tienen que abrirse, complejizarse, desplegarse y mezclarse con la propia vida. Esto no lo comprende la política retro , la juventud como lugar de enunciación y no como enunciado. De lo contrario, cuando la juventud deviene slogan o estereotipo vuelve a ser solo una palabra (perdiendo el arraigo en el cuerpo).


[Ensayar, experimentar, no regatear…]



Nos corremos de estas miradas ciegas a la vitalidad generacional que corre por nuestros nervios, y nos preguntamos también ¿cómo habitar esta época? ¿cómo logramos hacer audibles y visibles (obviamente no una simple visibilidad mediática) nuestras inquietudes vitales?

Una primera respuesta es desde la ambigüedad… En la plaza estuvo el agite y unos de los ecos, grito de guerra en que se tradujo ese encuentro de cuerpos fue el fuerza cristina; ambiguo, puede ese grito puede volverse liturgia cerrada o puede ser un cantito capaz de contrabandear un agite o una manera de plantarse… La pregunta de esos días, ya a un mes de esos acontecimientos es cómo empujar los límites de las gobernabilidades… La imagen que queda retumbando es la de la inquietud, de impulso ambiguo, complejo; donde hay algo que se abre, o algo que deja servida la posibilidad de la apertura, pero en donde también se hace importante saber plasmar ese posible en acciones efectivas… ¿Pero qué son “acciones efectivas”? ¿Es lograr extender los límites y los campos de acción de los gobiernos y que nos reconozcan tal cual vivimos? Pero si nuestro agite no se deja traducir fácilmente a la lógica de la demanda estatal… Si no nos sentimos cómodos con posturas pasivas, como si fueramos consumidores insatisfechos…

Creemos que existen diferentes formas en que habitantes de distintas generaciones se pueden encontrar; no sólo desde una postura nostálgica (como aquellas que buscan la revalorización del mundo adulto), sino también en un plano de horizontalidad y de intercambio como pares (un pasaje, a modo de imagen: de la figura del padre a la del amigo).

La presencia callejera del agite conmovió algo. Las paredes del palacio, la plaza, los modos de gobierno… pero también las miradas con las cuales nos percibimos y percibimos lo social. Por esto decimos que en esos días de cuerpos y calle se abrió el campo de los posibles. Es evidente que la gobernabilidad k en estos años amplio el campo de posibles de La Política, asistimos a la presencia de una sensibilidad estatal para con malestares de la vida cotidiana impensable hace unos años atrás, con las complejidades, preguntas y desafíos que esto significa.

Una certeza; el K nos afectó (con sus diferentes políticas en el plano sensible y material, con gestos potentes contra milicos o medios…en fin, tocando fibras intimas y emotivas a nivel popular). Ahora bien, ¿cómo afectamos nosotros al K? En muchos momentos nos encontramos en una sintonía, pero que a su vez presenta varias interferencias. Valoramos ciertos modos de relacionarse con inquietudes y problemáticas (y de creación de otras nuevas), pero a su vez, no nos sentimos cómodos. Muchas situaciones de nuestra vida cotidiana (nuestras, de nuestros amigos, compañeros de laburo, etc.) no devienen en prioridades a la hora de la gestión del gobierno (ejemplos sobran: la vida de los pibes que baja la cana, la precariedad y la muleada en los laburos, la vida boba del consumo y la mediatización, el problema del rancho propio, del laburo copado para miles de pibes y pibas).

Existen inquietudes y problemáticas concretas y sociales para co-gestionar y que, debido a la elasticidad del kirchnerismo, es posible y deseable que se tengan en cuenta; y otras inquietudes y experimentaciones vitales, colectivas, clandestinas, en cambio, no necesariamente deben circular por la órbita estatal…

Ya pasó mas de un mes de aquellos días de calle y agite, de desborde de pibes y pibas que transformaron las exequias formales en aguante y movilización colectiva. Sabemos que nada va a ser igual; ligamos un nuevo juego en donde tenemos la posibilidad de efectuar y que cobren protagonismo muchos de nuestros malestares… De qué se trata esa efectuación y ese protagonismo es una pregunta abierta que vale la pena seguir explorando, experimentando, ensayando…




Colectivo Juguetes Perdidos,

Diciembre de 2010

3 comentarios:

Juan Manuel dijo...

Dos pulgares arriba... a pesar de mis recurrentes devaneos setentistas, el 27 marcó algo interesante, precisamente, por lo inabordable... Termino de leer y se me viene Chizzo gritando "inventa un mañana que no sea un ayer"

Colectivo Juguetes Perdidos dijo...

Gracias por el comentario Juan!. Si, la idea es pensar a partir de eso inabordable que no puede ser codificado por el lenguaje político nostálgico...(parafraseando de nuevo al Chizzo...aquel de "las mentes viejas").
abzo.

Urbanizacion en TGZ dijo...

Hola me encantaria que visistaras mi blog para opinar acerca del tema que estamos
tratando, la Urbanización en Tuxtla Gutiérrez Chiapas, México.

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