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martes, 30 de enero de 2024

Los despidos serán televisados

Por Gonzalo Sarrais Alier

Apuntes sobre los ajustes en políticas sociales durante el gobierno de Milei


1-       (Algunos de los primeros despidos son de estatales) Quedarte sin trabajo sin justificativos. Interrumpiendo procesos laborales, planificaciones, y expectativas de quienes esperaban la llegada de algún servicio básico a sus barrios.  Con la excusa del déficit a nivel macro,  la situación era su reversa: se sostenían políticas sociales con bajísimos costos,  precariedad de fondo de los dispositivos y de las condiciones de contratación laboral.


 

2-      Te despiden con la legitimidad  de algunas palabras que circulan: “todo lo público tiene que desaparecer”. Como se trata de palabras sueltas que se encadenan con afectos oscuros no hay que  buscarles coherencia ni teórica, ni práctica, ni exigirles ningún tipo de adaptación  con lo real; hay que leerlas como armas que se cargan anímicamente. Funcionan dialogando con los estados de ánimo, con los terrores, los cansancios que se acumulan, la mala vida. Pero después tiene efectos muy concretos. Detrás de esos despidos, la mira está bien apuntada y dirigida: arrancar de cuajo las últimas frágiles raíces materiales de las mayorías populares hasta que ya ni siquiera se lo pueda pensar cómo un problema (ya ni siquiera como una presencia social).


   

3-        (Las semanas previas) Semanas de terror al cuadrado.  Al estado anímico devastado por la inflación y el agotamiento de estos años cada vez con mayor carga de gestiones para sobrevivir, la victoria de Milei y su promesas de ajuste brutal y ataques directos al Estado ( y en consecuencia a  quienes trabajan y dedican su vida en sus dispositivos) multiplico esos  terrores, produciendo una atención diaria torturadora.  Aquella espera cruel de  noticias que no llegan sobre cambios de funcionarios, directivos de empresas estatales que no asumen, amenazas de despidos masivos, paralización de obras públicas, y una serie de alarmas que se multiplican en forma de hashtag.

 

4-      Los festejos de los despidos inundan las pantallas. Vidas arruinadas de miles de laburantes celebrado por otros laburantes.

Nada de esto se explica en el régimen de obviedad, en esa oferta de oraciones posibles para relatar la coyuntura política que copan las plataformas y distintos medios, que están siempre muy lejanas del pulso y las  investigaciones sobre cómo vivimos las mayorías. Por eso lo absurdo de los móviles de televisión entrevistando a laburantes en Constitución, donde se responde lo que espera y habilita la misma obviedad.

 

5-       Hay lenguajes, escenas, fuerzas que vienen encadenándose. Uno de los últimos episodios: la pandemia y sus efectos concretos,  esos largos meses donde algunos laburantes formales –no solo estatales- seguían cobrando y otros no. Esas heridas después tuvieron sus efectos en el clima social. Son escenas muy cercanas que permitieron en principio habilitar un enunciado electoral como el de “la motosierra” que propone cortar y decirle “fuera” a  una parte de la sociedad, y luego poner en funcionamiento la estrategia actual de enfrentar a los laburantes entre sí, para que el ajuste se resuelva en ese campo de batalla.

 

6-     Más allá de la obviedad, esos enunciados se alimentan umbrales sensibles que se fueron extendiendo y habilitando a que el lenguaje político pueda decir: “la crisis se resuelve despidiendo a parte de los laburantes”. Esas palabras puestas en serie que motoriza la obviedad: “casta, kuka, ñoqui, que vayan a trabajar al sector privado, que no vivan más de nuestros impuestos”;  toman corporeidad en una guerra antes ya declarada cuerpo a cuerpo. Todo  se presenta demasiado cercano y materialmente palpable. No es solo la quita de subsidios y los demás salarios indirectos. Se pone en juego una ilusión mágica de que si le vacías los bolsillos al que está al lado tuyo, esos billetes aparecerán de repente en los tuyos.

   

7-      Los despidos serán televisados y militados desde las redes y medios de comunicación,  exaltando esa conflictividad para que se pudra antes por abajo. Esa fuerza laburante que militará los despidos, y que también sufrirá la guerra inflacionaria y el ajuste (y la recesión que puede traer posiblemente más despidos), se quedará, a falta de billetes,  con ese salario anímico: ver caer a ese edificio estatal con todos sus trabajadores adentro.

 

8-       La mezquindad, como  mecanismos que primo en los últimos años;  un modo de lidiar con el ajuste económico, vital, espacial. En ese escenario de belicosidad que habilita la inflación y el ajuste, la mezquindad tuvo su doble mecanismo: uno que era exclusivo de quienes detentaban espacios económicos, simbólicos, políticos que cerraron filas para proteger lo que habían conquistado; y otro como mecanismo subterráneo que se fue morfando sensiblemente vínculos y relaciones en medio de esas disputas con recursos escasos. Este también es uno de los antecedentes sensibles que se puede encadenar a la posibilidad de una fuerza social y política que milita el ajuste para el otro.

   

9-     La peor estrategia puede ser la defensiva: quedarse en ese campo de batalla alimentando ese terreno bélico traducido a la obviedad. 

El ajuste se convirtió en un habito y en una subjetividad. No se puede esperar que el cuerpo social encuentre un límite ahí. Es antes un mecanismo  devorador de imaginarios y expectativas vitales,  que siempre puede inaugurar  un escenario de belicosidad nuevo.

 

10-  La guerra no es entre dos bandos claros. Están (y seguirán) las escenas de conflictos al interior de familias, barrios, peleas en el tren, al costado de una manifestación. Pero no se trata de una batalla  entre libertarios y orcos. Se trata de una intensificación de la belicosidad del ajuste y la inflación, con el detalle cruel de  encontrarle rostros cercanos donde materializar el ataque. En ese enfrentamiento más que bandos se seguirán encontrando escenas de soledad y desierto de imágenes políticas. Más que bandos hay superposición de batallas diarias que hacen  imposible interpretar dos lados de la mecha.

 

11-    Frente a un paro docente se contraponen dos luchas cotidianas: la de un docente empobrecido hace años,  y la de un laburante informal que tiene que faltar (y por consiguiente que no ingrese dinero ese día)  y resolver el cuidado de sus hijos. Pero no son las únicas. Está la situación del chofer de una línea de colectivo que le recargan su trabajo (que por el ajuste la empresa reduce coches y frecuencias) se agarra a las puteadas con un laburante que espera hace 40 minutos el bondi que lo lleve a las estación de trenes y por eso pierde el dinero que le ingresa del presentismo; están las broncas acumuladas por las puteadas recibidas de quienes atiende de modo presencial (o telefónicamente) servicios privados que siempre privilegian las riquezas de las propias empresas; o quienes administran servicios públicos que siempre están  respondiendo situaciones más complicadas con bajos presupuestos; están las rispideces, chimes, roces constantes al interior de los laburos, que toman la atención principal de la vida laburante (que se los puede escuchar en un canto descoordinado en las charlas de vuelta en el tren, o en los audios de un grupo de whatsapp)  porque en la informalidad de los laburos cada rol se está apostándose diariamente, o porque en la formalidad de los trabajos se vienen empoderando a jefes gorrudos que tienen vía libres para la arbitrariedad y verdugueo contante; están las puteadas en un chino porque no da el saldo para pagar lo mínimo; están las piñas de tránsito entre una moto que no llega a llevar todo los pedidos y una Ford vieja llena de herramientas y laburantes;   son estas  secuencias interminables imposibles de reducir solo al conflicto que se genera en los cortes de calle entre las organizaciones y  quienes tienen que llegar a su trabajo. 

 

12-   Esos choques son guerras de la cotidianidad entre laburantes. Conflictos propios de esa movilización de la vida que genera la precariedad, que siempre arma fronteras e inaugura estratificaciones  donde antes no los había, generando una geografía de conflictividades que se modifica constantemente.

 

13-     La apuesta del gobierno de Milei es que gran parte de los efectos del ajuste se resuelvan en ese enfrentamiento preexistente entre los diferentes modos de vida. ¿Cómo pensar una politización, una estrategia de lucha para que una convocatoria o un enunciado este a la altura, no solo del enloquecimiento y el cansancio  de la vida cotidiana, sino de esos puntos donde se dan los roces y conflictos entre los diferentes recorridos y gestiones que se acumulan en las mayorías populares?

 

 

14-   Si hay una ola de despidos en el sector estatal, en distintos programas territoriales, de educación,  de acceso a diferentes derechos, no habrá nuevos empleos esperándonos. No existe el sector privado de la política pública que tenga la experiencia y la inteligencia adquirida para intervenir en escenario con problemáticas complejas.

Pero al mismo tiempo es imposible pensar está avanzada contra los laburantes, sin dar cuenta en el desfasaje previo  entre esos dispositivos estatales y las vidas reales a quienes iban dirigidos esas políticas.

 

15-    Más ajuste implica más gestiones, un cuerpo social moviéndose constantemente, más estresado, más cansado. Esto requiere de dispositivos a la altura de esa movilidad, porque de otro modo, la política queda destinada  a llegar siempre tarde o esperando vidas detenidas.

No se actualizan la información, los diagnósticos ni las planificaciones para intervenir en una sociedad cada vez más movilizada por el ajuste; porque no hay recursos acordes para sostener investigaciones y  dispositivos que puedan seguir el ritmo y las mutaciones de las mayorías populares.

 

16-  Esta ineficacia de los diferentes programas y políticas en los últimos tiempos es algo que se respira popularmente en los territorios. Y una de las principales causas es la precarización que afecta tanto a los dispositivos como a  sus laburantes. La condena  a tener más de un trabajo para sobrevivir, aumenta el cansancio y la quemazón para enfrentar cada uno de estos. A esto se le suma el hecho que se sostienen los espacios con menos recursos. Por eso en los últimos años se fueron reduciendo los niveles de intervención, de participación en los espacios, y los modos de involucrarse de los propios vecinos en los dispositivos.  

 

17-   En un contexto así llega la avanzada contra el estado. En la época que más se lo necesitaba, cuando se lo requería con una investigación y una escucha más atenta sobre cómo viven las mayorías. Para que sea más eficiente esa intervención,  más que desmantelar, había que mejorar las condiciones materiales (tiempos y recursos concretos en los territorios) de esas políticas. En cambio, la moneda salió para el otro lado: se votó borrar ese mundo y la sensibilidad que lo habita.

 

18-   Los despidos están siendo televisados. Los anticipa en la noche previa a la Navidad  el Presidente en prime time;  con una gran sonrisa y sin escrúpulos, unos periodistas consideran al recorte del estado como la gran noticia; ante los precios que se disparan y hacen imposible una cena en las fiestas, los anuncios de despidos, se replican y festejan en la calle como inyección anímica.  En está tortuosa escena: diariamente nos desayunamos aquellas noticias que deliran nuestra desocupación.

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